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17 de julio de 2026

La carne vacuna frenó los aumentos en junio, pero ya subió más del 55 por ciento en un año

Por: Carlos Rodriguez

Los cortes vacunos aumentaron apenas 0,3 por ciento durante junio, aunque acumularon una suba interanual del 55,6 por ciento. El pollo y el cerdo bajaron en el mes y profundizaron el cambio en los hábitos de consumo.

Los precios de la carne vacuna desaceleraron con fuerza durante junio, aunque el incremento acumulado en los últimos doce meses volvió a ubicar a uno de los principales alimentos de la mesa de los argentinos entre los productos que más se encarecieron. Según el relevamiento mensual del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina, los distintos cortes aumentaron en promedio 0,3 por ciento respecto de mayo y 55,6 por ciento frente al mismo mes de 2025.

El pollo y el cerdo, en cambio, mostraron un comportamiento diferente. El precio del pollo fresco cayó 1,3 por ciento durante junio y acumuló un incremento interanual del 34,3 por ciento, mientras que el pechito de cerdo bajó 0,1 por ciento en el mes y registró una suba del 25,6 por ciento respecto de junio del año pasado. La diferencia volvió a consolidar una tendencia que se observa desde hace varios años, con consumidores que recurren cada vez más a otras proteínas frente al encarecimiento de la carne vacuna.

La moderación se produjo en un contexto de desaceleración de la inflación general, aunque la variación mensual no alcanzó para revertir el impacto de los aumentos registrados desde mediados de 2025. La situación se refleja tanto en los niveles de consumo como en la composición de la canasta alimentaria, con diferencias según la zona del Área Metropolitana de Buenos Aires, el tipo de comercio y el nivel de ingresos de los hogares.

En los barrios de ingresos altos y medios, los precios de la carne vacuna aumentaron 0,5 por ciento durante junio, mientras que en los sectores de menores ingresos registraron una baja del 0,3 por ciento. La diferencia estuvo vinculada con promociones y estrategias comerciales adaptadas a la capacidad de compra de los consumidores de cada zona.

El precio de la carne proveniente de novillito aumentó 0,3 por ciento y el novillo registró una suba del 1,1 por ciento, mientras que la carne de vaquillona y ternera retrocedió 0,7 por ciento. En promedio, la categoría liviana destinada al consumo minorista tuvo una variación de apenas 0,2 por ciento frente a mayo.

También hubo diferencias geográficas. En el Norte del Gran Buenos Aires los valores aumentaron 1,2 por ciento, mientras que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en el Oeste del conurbano avanzaron 0,4 por ciento. En la zona Sur del Gran Buenos Aires, en cambio, se observó una caída del 0,2 por ciento.

La estabilidad promedio escondió comportamientos distintos entre los canales de comercialización. El informe señaló que “los precios no variaron con respecto al mes anterior en las carnicerías y aumentaron un 0,7 por ciento en supermercados”. En la comparación interanual, las carnicerías acumularon un incremento del 59,3 por ciento, por encima del 47,5 por ciento registrado en las grandes cadenas.

Las diferencias entre ambos formatos comerciales variaron según el corte. El lomo costó en los supermercados 3.386,70 pesos más que en las carnicerías, una brecha del 12,2 por ciento, mientras que la colita de cuadril presentó una diferencia de 1.408,30 pesos, equivalente al 5,9 por ciento.

Otros productos fueron considerablemente más baratos en las grandes superficies. El asado costó 3.520,40 pesos menos que en las carnicerías, una diferencia del 18,5 por ciento, mientras que el peceto fue 2.396,40 pesos más económico. La falda presentó una brecha del 35,7 por ciento; la carnaza común, del 32,1 por ciento; y la picada común, del 19,5 por ciento.

La diferencia también alcanzó a la nalga, uno de los cortes más utilizados para preparar milanesas. En los supermercados tuvo un valor aproximadamente 2.808 pesos menor que en las carnicerías, una brecha cercana al 12,4 por ciento. El pechito de cerdo costó en promedio 1.645 pesos menos en las grandes cadenas y el pollo presentó una diferencia favorable de alrededor de 1.140 pesos.

Entre los cortes vacunos que más aumentaron durante junio se encontraron la picada especial y el cuadril, ambos con una suba del 2,3 por ciento. La carnaza común avanzó 1,9 por ciento, mientras que el roast beef y la colita de cuadril aumentaron 1,6 por ciento.

En sentido contrario, el asado, el matambre y el peceto bajaron 1,3 por ciento. La bola de lomo y el osobuco retrocedieron 1,1 por ciento, mientras que la cuadrada registró una caída del 1 por ciento.

El Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina también analizó la relación entre el precio del asado y el resto de las proteínas animales. En junio, con el valor de un kilogramo de asado se pudieron comprar en promedio 3,59 kilogramos de pollo fresco. Durante el primer semestre, esa relación ascendió a 3,77 kilogramos de pollo, un 20,2 por ciento más que en el mismo período de 2025.

La comparación con el cerdo mostró una evolución similar. En junio, con el valor de un kilogramo de asado se pudieron adquirir 1,95 kilogramos de pechito de cerdo. En el promedio del primer semestre, la relación alcanzó los 2,01 kilogramos, un 33,4 por ciento por encima del mismo período del año anterior.

La ampliación de estas diferencias ayuda a explicar el cambio gradual en las decisiones de consumo. La carne vacuna perdió participación frente al pollo y al cerdo como consecuencia del deterioro de los ingresos y de la creciente distancia entre los precios de las distintas proteínas.

Los datos oficiales ya habían reflejado esta tendencia durante 2025 y comienzos de 2026, cuando el consumo de carne vacuna por habitante se ubicó entre los niveles más bajos de las últimas décadas. Distintos informes del sector advirtieron que una eventual recuperación continuará condicionada por la evolución de los salarios y las jubilaciones.

Aunque la desaceleración de la inflación redujo el ritmo de aumento de algunos alimentos, todavía no produjo una recuperación automática del poder adquisitivo perdido. En ese escenario, los consumidores continúan recurriendo a promociones, ofertas y distintos formatos de venta para sostener el consumo sin ampliar el gasto mensual destinado a alimentos.

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