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El aprendizaje de idiomas todavía no ha dicho su última palabra

Ahora que las aplicaciones son capaces de traducir una conversación en tiempo real, aprender una lengua extranjera puede parecer un esfuerzo inútil. Esta visión, sin embargo, obvia el hecho de que la comunicación humana supone mucho más que un conjunto de frases.

Las aplicaciones de traducción ya son capaces de traducir una frase instantáneamente. Se trata de un procedimiento impresionante -a veces un poco desconcertante-, que nos ayuda a establecer contacto con otras personas cuando no es posible hacerlo de otro modo.

Aunque los avances de los últimos cuatro años han sido espectaculares, los intentos de automatizar la traducción no comenzaron ayer, y ya en la década de los años 50-60 se llevaron a cabo varios intentos, y en los años 80-90 se desarrolló la traducción asistida por ordenador. El campo de posibilidades se ha ampliado considerablemente en los últimos 20 años con la llegada de Google Translate, que se lanzó en 2006 como un sistema estadístico entrenado con un gran corpus de textos y que en 2016 pasó a la traducción automática neuronal, lo que mejoró la fluidez a nivel de frases.

Pero la revolución operada por la IA lo ha cambiado todo. Ahora los teléfonos móviles parecen verdaderos “intérpretes de bolsillo” y varios programas ya son capaces de subtitular una llamada, proporcionar traducción simultánea a través de los audífonos o reproducir la voz del hablante en una lengua diferente.

Cada día nos damos más cuenta del lugar que estas herramientas ocupan en nuestra vida. Hace poco tuve la ocasión de observar a dos parejas de edad avanzada (una de China y la otra de España), que se comunicaron gracias a un dispositivo de traducción por IA. Cuando funcionaba bien, la conversación fluía, pero cuando fallaba, las bromas y los matices desaparecían y los interlocutores tenían que reconstruir el sentido de la conversación. La IA les había ayudado a avanzar lo suficiente como para comunicarse, pero el contacto presencial les había llevado más lejos.

Viví una experiencia análoga con una colega sorda, Rachel Coppage. El inglés era nuestra segunda lengua común, así que nos comunicamos alternando mis limitados conocimientos de la lengua de signos de Nueva Zelanda con una aplicación de intercambio de notas. El inglés expresado por escrito parecía más ramplón, pero cuando usábamos la lengua de signos, el intercambio se animaba y cobraba riqueza. La tecnología había facilitado el acceso, pero con los signos añadíamos comprensión y conexión.

Primer contacto

Las herramientas de traducción automática son excelentes para todo lo relacionado con la logística, los viajes y el primer contacto. Cuando uno está de viaje y busca una clínica o desea participar en una visita guiada, estos programas proporcionan una asistencia que hace cinco años no existía, pero cuando se trata de temas más complejos, la intervención de los profesionales es crucial.

Según un estudio realizado en 2024, los traductores profesionales consiguieron mejores resultados que Google Translate o el ChatGPT-4 en las instrucciones de alta hospitalaria en creole haitiano - se constataron menos errores importantes desde el punto de vista clínico-, mientras en español, los resultados estaban más cerca de las traducciones automáticas.

Un estudio sistemático realizado en 2024 sobre la traducción con IA en cuidados clínicos arrojó resultados prometedores para los intercambios cortos y sencillos, pero la calidad variaba según la lengua y el tipo de tarea, y se vio que a menudo disminuía en las traducciones hacia el inglés.

Mejor el espíritu crítico que ‘cortar-y-pegar’

En mi calidad de profesora de idiomas, he podido ver cómo a partir de 2018 algunos estudiantes empezaron a usar Google Translate de manera evidente: sus textos no encajaban con su nivel lingüístico o, sencillamente, carecían de sentido. No traté de disuadirlos del uso de dicha tecnología, pero busqué los medios para que usaran la IA de forma inteligente, como una herramienta de apoyo, y no de sustitución.

Animo a mis alumnos a que utilicen la IA como una herramienta de apoyo, no de sustitución
Les aconsejo que primero redacten por sí mismos y que, después, consulten la IA para anotar las diferencias. Cuando trabajan con el ChatGPT, les pido que su pregunta incluya preguntas retroactivas como “¿Esta frase es gramaticalmente correcta?”, en vez de decirle “escríbeme esto”. ¿Qué cambia con este método?: el estado de espíritu de “copiar, pegar y esperar” cede su lugar a la curiosidad y al sentido crítico.

Desde el año pasado, la IA se puede usar también en la práctica oral y para evaluar producciones escritas y orales. Sin embargo, algo se le escapa: la dimensión humana de la comunicación. La traducción con IA no sustituye el aprendizaje de una lengua, sino que más bien se trata de una extensión del trabajo de los docentes disponible las 24 horas del día y los 7 días de la semana, y no de un sustituto.

Crear vínculos

Cuando no es posible aprender una lengua o recurrir a servicios profesionales de interpretación, la tecnología constituye entonces la mejor opción posible. Pero la comunicación comporta exigencias interculturales que la IA por sí sola no puede satisfacer: la curiosidad hacia los valores del prójimo, la humildad hacia los propios y la competencia relacional, lenta, que permite establecer la comprensión mutua. Aprender por lo menos algunas palabras en una lengua local (nombres de lugares, expresiones para saludar, pedir, agradecer, excusarse o bromear de forma apropiada), constituye por ejemplo un gesto de respeto.

La comunicación humana no se puede reducir a un simple intercambio de frases, porque se construye a partir de lo que hacemos con ellas. Lo que hacemos es comprobar el grado de comprensión, repetir, aclarar, reformular y, sobre todo, crear vínculos. Esta construcción conjunta es más lenta que una transcripción, pero es más segura cuando hay en juego temas importantes, y constituye la médula misma de la comunicación intercultural.

Las lenguas no son sólo herramientas, sino auténticos tesoros

Además, las lenguas no son sólo herramientas, sino auténticos tesoros. Los idiomas son los cimientos que sustentan relatos, valores y cosmovisiones. La Hoja de ruta global para el multilingüismo en la era digital de la UNESCO tiene por objetivo garantizar la presencia y la participación en línea de las lenguas subrepresentadas e indígenas, un recuerdo de que las políticas tecnológicas y el aprendizaje de idiomas pueden reforzarse mutuamente. Una recomendación reciente del Consejo de Europa se orienta en el mismo sentido. Al situar la educación plurilingüe e intercultural en el núcleo de la vida democrática, esas recomendaciones vinculan el aprendizaje de lenguas con los buenos resultados escolares, la integración social y la participación de la ciudadanía.

El aprendizaje de idiomas contribuye a desarrollar la empatía y la participación. Ese desarrollo transforma la manera en que nos relacionamos con los demás. Cuando los detalles cuentan realmente, en aspectos como el consentimiento, temas delicados o protocolos culturales, no se puede confiar únicamente en las aplicaciones.

En un mundo en el que la rapidez y la inmediatez son sinónimos de éxito, el aprendizaje de lenguas constituye un rechazo suave de esta concepción, ya que mantiene a las personas en el centro de nuestras conversaciones y nos ayuda a edificar relaciones duraderas.

Fuente:

Elba Ramirez para Unesco.org

Profesora titular y responsable del programa de licenciatura en estudios internacionales de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades (Te Wānanga Aronui o Tāmaki Makau Rau) de la Universidad de Tecnología de Auckland, en Nueva Zelanda.

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