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15 de enero de 2026

Investigadores del CONICET trabajan junto a la empresa Ledesma para optimizar la producción de compuestos naturales con potencial industrial

Por: Carlos Rodriguez

Se llaman “biosufractantes” y ofrecen una alternativa ecológica a los productos sintéticos

En el laboratorio de Aguas y Suelos del Instituto de Investigaciones para la Industria Química (INIQUI, CONICET-UNSa), un equipo de investigación liderado por las científicas del CONICET Verónica Irazusta y Verónica Rajal busca microorganismos capaces de producir moléculas de alto valor agregado, entre ellas los denominados biosurfactantes: sustancias “tensioactivas” de origen biológico que ofrecen una alternativa ecológica a los productos sintéticos. “Los biosurfactantes tienen mayores capacidades y son biodegradables, lo que reduce la contaminación ambiental”, explica Irazusta, responsable técnica del proyecto. “Su principal desventaja es el costo de producción comparado con los de origen sintético, por eso trabajamos en métodos más económicos utilizando subproductos industriales.”

El trabajo se enmarca en un convenio firmado en 2024 entre el CONICET (con la participación de las áreas de Vinculación Tecnológica de Salta y Jujuy), la Universidad Nacional de Salta y la empresa Ledesma. El objetivo es optimizar la producción de biosurfactantes a partir de una bacteria aislada de efluentes de la propia industria, aprovechando recursos disponibles y reduciendo el impacto ambiental. “Usamos efluentes o subproductos industriales de Ledesma como medio de cultivo para los microorganismos. Así, no solo producimos estas moléculas de forma económica, sino que además damos una utilidad a desechos que de otro modo podrían contaminar”, señala Irazusta.

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Los biosurfactantes, explica Irazusta, disminuyen la tensión superficial del agua, lo que los hace útiles en múltiples sectores, como el farmacéutico, el agroindustrial, el alimenticio, el cosmético e incluso en la formulación de detergentes y emulsiones. “Su capacidad para degradarse naturalmente los convierte en aliados clave en el desarrollo de una industria más sustentable”, dice la investigadora.

La colaboración con Ledesma se originó años atrás. “Hicimos una primera visita a la empresa en busca de subproductos que pudieran servir como fuente de energía para bacterias productoras de biosurfactantes. Mostramos resultados, nos reunimos varias veces y eso derivó en el convenio actual”, recuerda Irazusta. El acuerdo permitió además la incorporación de un biorreactor de siete litros, un avance tecnológico significativo para el laboratorio y la universidad.

Desde la empresa Ledesma, la representante técnica del proyecto, Adriana Rodriguez, expresa: “El convenio que firmamos con la Universidad Nacional de Salta y el CONICET para el desarrollo de un nuevo producto a partir de la caña de azúcar tiene un gran potencial. Desde Ledesma estamos en constante búsqueda de alternativas más sustentables para mejorar nuestros procesos productivos y avanzar en el desarrollo de nuevos productos. En ese sentido, creemos que el trabajo conjunto con centros de investigación y universidades, como la Universidad Nacional de Salta y el CONICET, es clave para alcanzar esos objetivos, ya que permite generar desarrollos con impacto productivo y ambiental positivo, más aun actualmente, cuando el mercado de los surfactantes es muy amplio y estas moléculas son utilizadas por diversas industrias, como la farmacéutica, la alimenticia, la cosmética y la agrícola, debido a la variedad de propiedades que presentan. A esto se suma la particularidad de que se trata de compuestos biodegradables, a diferencia de los productos sintéticos”.

Actualmente, el grupo evalúa distintos subproductos —como melaza y vinaza— para optimizar los procesos productivos. “Este desarrollo beneficia a la sociedad desde distintos puntos: por un lado, generamos menos residuos industriales; por otro, ofrecemos alternativas más ecológicas para distintas aplicaciones”, concluye Irazusta.

 

Fuente: conicet.gov.ar

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