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18 de junio de 2024

La Yuta te Chupa

Por: Carla Echichure Castro

Corrían los años 70, en los albores de la más sangrienta dictadura cívico-militar en nuestro país. Por entonces, una joven militante de Montoneros llamada Carolina Serrano se proyectaba como una de las activistas, junto a su hermana y cuñado, que más combatían a las fuerzas armadas. Cuentan que la joven, en el devenir de los años, se transformaría en delatora de sus propios compañeros. Es una leyenda urbana entre quienes aún viven después del genocidio de esa época.

Todos conocemos a Carolina (nombre de combate); de hecho, nos la recordó en la campaña de 2023 el presidente y entonces candidato Javier Milei cuando se refirió a ella como “tira bombas en jardines de infantes”. Carolina no es otra que la actual Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich Luro Pueyrredón. Ella, quien hoy desde el lado opuesto de la vida, casi como una entelequia, por segunda vez al mando de la policía, usa los mismos métodos de entonces pero desde el lado opuesto al que Serrano representaba.

En la última semana en el Congreso de la Nación se trató el proyecto del gobierno llamado “Ley de Bases”, controversial sin dudas, ya que en su contenido, además de la reforma previsional, reforma laboral, privatizaciones y suba de impuestos, también otorgaba facultades extraordinarias al presidente Milei. Estaban en un empate que finalmente dirimió la vicepresidenta Villarruel.

En la calle, miles y miles se congregaban en desacuerdo pero pacíficamente: jubilados, estudiantes, movimientos sociales, un fragmento de la CGT y ciudadanos de a pie que solo pretendían usar su derecho constitucional en democracia, el de manifestarse como en cualquier lugar del mundo.

Pasadas las 13 hs ocurrió el primer acto represivo de un congreso absolutamente militarizado: el gaseo a diputados nacionales que se acercaron a saludar a un grupo de ciudadanos que habían permanecido en vigilia la noche previa. El diputado Castagnetto de UP fue emblema del indiscriminado ataque con gas pimienta de fuerte impacto en el rostro por parte de los efectivos policiales, hacia él y varios diputados, por lo que fueron ingresados en el Instituto del Quemado y el Hospital Santa Lucía luego de ser atendidos previamente en el propio Congreso por los médicos de palacio.

Transcurridas las horas, los ánimos fueron en crescendo y el despliegue policial se trasladó a lo largo de Av. de Mayo, las calles paralelas y la 9 de Julio. La orden fue clara: “salgan a cazar”. Perplejos, desde la televisión vimos cómo se llevaban detenido a Remigio, de 64 años, vendedor de empanadas y bollos; Ramona, de 60 años, empleada doméstica que transitaba por la vereda con una bandera argentina en la espalda; Camila, de 30 años, estudiante de USAM, que caminaba desconcentrada; y una profesora de historia que pasaba caminando con una lata de cerveza en mano y que gritó al ver cómo un estudiante resistía la detención.

¿Terroristas, subversivos, integrantes de una banda que pretendía ingresar al congreso para romper el orden institucional? Las preguntas que me surgen son: ¿cómo estas personas, en calles distintas, sin ninguna conexión unas con otras, sin armas, sin piedras, sin las famosas bombas molotov que se adjudican pero nadie comprueba, y sin ser captados en actos vandálicos, pueden ser acusados de subversivos y terroristas?

Promediando las 17 hs, se incendia delante de todas las cámaras y a metros de la policía un auto de los colegas de Cadena 3, medio de la provincia de Córdoba. No hay ningún efectivo que interceda ni detenga a quienes, a la vista de todos, cometen el ilícito y se marchan en un auto con la matrícula al revés. Esta práctica es común en los llamados servicios que son infiltrados de la propia fuerza para, como se dice en la jerga, "pudrirla".

Pasaron cinco días y aún hay detenidos, entre ellos Ramona y Camila, por ejemplo, mientras la ministra pretende transformarse en querellante, pero lo deja en manos del siempre eficaz y oportuno fiscal Stornelli. La propia vicepresidenta, quien manifiesta públicamente su cercanía y defensa de genocidas como Videla, también intentó ser de la partida transformándose en querellante para que el sueño de reprimir supuestos terroristas les permita reprimir, golpear, usar la fuerza y “chupar” como en los 70, aunque vendas empanadas y bollos o choripán y te encuentren en el puesto con la comida caliente o con la bandera en la espalda.

Nadie estaba propiciando un golpe después de 40 años de democracia; solo estas personas, parte de este gobierno, aún sueñan con la revancha. Cuando todavía hay nietos buscados y los genocidas continúan manteniendo el pacto de silencio sin revelar dónde están y qué hicieron con los 30 mil desaparecidos, volvemos a revivir fantasmas de entonces con protagonistas de entonces y sus discípulos.

Debemos alzar la voz hoy por cada uno de los presos de los que no sabemos su estado físico ni las razones por las cuales siguen privados de la libertad. Argentina se convierte de a poco en un país sumiso y temible, con reglas poco claras y un silencio casi cómplice de medios y justicia.

¿Llegarán estos casos a los organismos internacionales? Vendrán muchas marchas más, ya que el rumbo de la economía y la falta de empatía de Milei con el mundo aleja inversiones y la casta, que no es otra que el pueblo trabajador, sigue pagando las políticas de ajuste.

Cuando el mandatario dice venir del futuro como Terminator, ¿será que su ministra viene del pasado entonces? Votos por embajadas se negociaban dentro del recinto y afuera, una dantesca puesta en escena dejaba como corolario de un día interminable ciudadanos que aún permanecen privados de la libertad, que no es la misma que grita el presidente ni de la que alardea.

Carla Echichure Castro.

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