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20 de enero de 2026

Sin Nobel y con amenazas: Trump endurece su discurso y exige control total sobre Groenlandia

Por: Carlos Rodriguez

En una carta enviada al primer ministro de Noruega, el presidente de Estados Unidos afirmó que ya no se siente obligado a priorizar la paz y volvió a reclamar el control absoluto de Groenlandia, lo que desató un fuerte rechazo de gobiernos europeos.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a sacudir el escenario internacional tras el envío de una carta al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, en la que aseguró que ya no se siente “obligado a pensar únicamente en la paz” luego de no haber recibido el Premio Nobel. En el mismo mensaje, el mandatario republicano reafirmó su pretensión de que su país ejerza un “control total y completo” sobre Groenlandia, una declaración que generó rechazo inmediato en Dinamarca, en el gobierno autónomo de la isla y en distintos países europeos.

La misiva, difundida por el propio gobierno noruego, fue recibida inicialmente con incredulidad y durante varias horas circuló la versión de que se trataba de una noticia falsa. Sin embargo, la confirmación oficial profundizó la tensión diplomática entre Washington y Europa, al tiempo que obligó a Noruega a recordar públicamente que su gobierno no tiene injerencia alguna en la concesión del Premio Nobel de la Paz, que depende de un comité independiente.

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En el texto, Trump sostuvo que su país detuvo “ocho guerras o más” y que la negativa a otorgarle el Nobel lo libera de cualquier obligación moral de actuar exclusivamente en favor de la paz. Según el presidente, la importancia estratégica de Groenlandia para la seguridad global justificaría incluso una intervención directa de Estados Unidos, bajo el argumento de que Dinamarca no posee la capacidad necesaria para proteger la isla frente a amenazas de Rusia o China.

El mandatario cuestionó abiertamente la soberanía danesa sobre el territorio ártico y afirmó que no existen documentos que respalden su posesión, más allá de hechos históricos ocurridos siglos atrás. En ese marco, remarcó que Estados Unidos también cuenta con presencia naval en la región y reiteró que el mundo no estaría a salvo si Washington no controla plenamente Groenlandia, a la que definió como un enclave clave por sus recursos minerales y su ubicación estratégica.

Jonas Gahr Støre confirmó haber recibido la carta y explicó que se trató de una respuesta a un breve mensaje previo enviado junto al presidente de Finlandia, Alexander Stubb, en el que ambos líderes expresaban su oposición a las sanciones impulsadas por Trump contra países europeos que rechazaron sus planes de anexión. En su respuesta, el primer ministro noruego llamó a reducir la tensión y le reiteró al presidente estadounidense que el Premio Nobel de la Paz no es otorgado por el gobierno de Noruega.

Las declaraciones fueron tan extremas que incluso analistas y periodistas dudaron de su veracidad. Mary Trump, sobrina del presidente, resumió ese clima de incredulidad al afirmar públicamente que la carta le pareció “demasiado estúpida incluso para él”, aunque reconoció luego que no debería haberse sorprendido.

El episodio se produjo a pocas horas de cumplirse el primer año del segundo mandato de Trump, un período marcado por una fuerte concentración de poder en la Casa Blanca. En ese lapso, el presidente firmó más de 200 órdenes ejecutivas, impulsó cambios regulatorios acelerados y tomó decisiones clave de política exterior de manera casi unilateral, con el respaldo de un gabinete alineado y un liderazgo republicano dispuesto a acompañar su agenda sin cuestionamientos.

La reacción europea no se hizo esperar. Dinamarca reiteró que Groenlandia forma parte de su reino y que su defensa está garantizada en el marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Desde la isla, el primer ministro Jens-Frederik Nielsen rechazó cualquier intento de presión externa y aseguró que la posición de Groenlandia no cambiará, al recordar que cuenta con instituciones democráticas propias y un amplio grado de autonomía política.

En paralelo, el Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte informó que aviones estadounidenses llegarán próximamente a una base militar en Groenlandia para realizar actividades planificadas, aclarando que las operaciones fueron coordinadas con Dinamarca y cuentan con las autorizaciones diplomáticas correspondientes.

La escalada también alcanzó el plano económico. Trump anunció la imposición de un arancel del 10 por ciento a productos provenientes de varios países europeos que rechazaron la anexión de Groenlandia, con la advertencia de que podría elevarse hasta el 25 por ciento si no se alcanza un acuerdo favorable a Washington. La medida fue interpretada como una forma de coerción política y motivó la convocatoria de una cumbre de emergencia de la Unión Europea para evaluar posibles represalias.

En el ámbito de la seguridad, Dinamarca y Groenlandia propusieron a la OTAN la creación de una misión de vigilancia permanente en la isla, con el objetivo de reforzar la presencia de la Alianza Atlántica en el Ártico. Trump, lejos de moderar su postura, insistió en que la OTAN lleva décadas advirtiendo a Dinamarca sobre los riesgos en la región y dejó abierta la incógnita sobre el uso de la fuerza al responder con un escueto “sin comentarios” ante una consulta directa.

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