Viernes 12 de Julio de 2024

Hoy es Viernes 12 de Julio de 2024 y son las 08:19 - Una manera distinta de informar, con otro enfoque

  • 1.2º

1.2°

EL CLIMA EN Buenos Aires

GENERO

4 de diciembre de 2023

Mujeres sikuris

Siku

La mujer al soplar utiliza la boca y a través de ella insufla el aire, con el cual se va parte de su vida, por lo que su pecho se vacía de aire y se «seca» y no podrá alimentar a sus hijos. En otras palabras, si la mujer se dedica a la práctica musical de un instrumento de viento pierde su condición de madre que amamanta, así como su dedicación natural a su hogar al separarse de él.

El siku es un tipo de flauta de pan propio de la región andina. Sikuri es la persona que toca el siku. El siku se construye con diferentes tipos de cañas, pero se conservan restos precolombinos fabricados en cerámica o huesos de animales o personas. Lo esencial es el amarro, entre uno o más pares de maderas planas, de una hilera de tubos de distintos tamaños dependiendo de si se quiere un instrumento diatónico, cromático o para las bandas de sikuris que entonces tiene que estar afinado en terceras. Los sikus que constan de una sola hilera de tubos son los más sencillos, pero también se construyen con una segunda hilera paralela a la sonora completamente abierta en su base: los resonadores. El soplido debe ser perpendicular al eje del tubo. El sonido aparece por la resonancia de éste con la vibración producida por la fricción del viento contra el borde de la caña. La nota depende de la longitud de la columna de aire y del diámetro del tubo.

Este instrumento se toca en grupo. Hay piezas que se ejecutan al unísono, otras en octavas paralelas, o en quintas o cuartas paralelas, y el resultado suena con una disonancia característica. Por lo tanto, el siku es un instrumento eminentemente colectivo donde todos tocan el mismo instrumento formando una gran banda que trenza la melodía.

Grupos de sikuris en las ciudades

En Perú, uno de los países donde este instrumento tiene más tradición, se ha dado un fenómeno llamativo: los «sikuris en las ciudades». El movimiento migratorio que se registra desde la región de Puno, en el Altiplano andino, hacia los núcleos urbanos del sur del país es el responsable de este fenómeno. Las tradiciones se reinterpretan y los jóvenes cuestionan su excesivo ritualismo. Los grupos de sikuris se vuelven atractivos para personas que no conocen la tradición andina y sin esta base, les asignan significados, propósitos y prácticas completamente diferentes. Aparecen nuevas sonoridades que representan «lo andino» junto a nuevos perfiles musicales con un discurso reivindicativo.

En la última década se observan cambios que incluyen una mayor participación femenina. Sin embargo, no hay demasiados estudios sobre las transformaciones del fenómeno y práctica sikuri desde la perspectiva de género en las ciudades. Con todo, los grupos de sikuris participan en pasacalles, manifestaciones y demás actividades que no tienen nada que ver con los rituales de sus orígenes. Al cambiar la funcionalidad cambia el procedimiento y esto junto con otros puntos de vista, favorece el interés de las mujeres por este instrumento.

Las investigadoras Verónica García Jarufe y Zoila Elena Vega Salvatierra centraron su estudio de 2019 en las mujeres sikuris en Arequipa. Esta ciudad, al sur de Perú, ha visto aumentar considerablemente su población a causa de la migración desde el altiplano. En este trabajo se pone especial énfasis en comportamientos sociales estereotipados que influyen en la decisión de las sopladoras de siku.

Fuente: Jallalla Warmis Sikuris.

En Arequipa hay alrededor de quince grupos de sikuris. Se escogió como estudio de caso el grupo Awqa Sisa Warmy Sikuris por ser la primera agrupación exclusivamente femenina. Tuvieron que entrevistar a las mujeres en contextos diferentes a los de los hombres porque sus actuaciones se llevaban a cabo en otros ámbitos: presentaciones de libros, festivales culturales, marchas reivindicativas, actividades ligadas a la comunidad LGBTI, etc.

Evolución de las mujeres sikuris

Todavía a mediados del siglo XX las mujeres que acompañaban a los grupos sikuris transportaban y cuidaban los instrumentos, preparaban la comida del grupo y arreglaban la ropa de los componentes. En la segunda década del siglo XX las mujeres podían formar parte del elenco de danzantes del grupo. A finales del siglo XX las que bailaban pasaron a ser intérpretes de los sikus más sencillos, los de una fila de tubos, al menos en entornos alejados de la zona andina más tradicional. Estas mujeres habían tenido un vínculo cultural porque eran hijas de migrantes puneños, porque sus familiares estaban relacionados con la música andina o porque vivieron algún tiempo en la zona altiplánica.

Entre 2015 y 2016, cuatro mujeres ingresaron para tocar en grupos de hombres en la ciudad de Arequipa. Las cuatro fueron invitadas en diferentes agrupaciones por amigos y no tuvieron problemas de discriminación. Pero no estaban muy bien vistas porque existía la creencia colectiva de que los sikuris consumían bebidas alcohólicas en exceso y llevaban una vida bohemia intensa. Estos estereotipos dificultaron la participación de mujeres tocando sikus.

Muchos hombres pensaban que las mujeres no iban a tener la fuerza ni física ni psicológica, y mucho menos intención de continuidad en el grupo porque no era concebible un desapego de sus responsabilidades familiares; no era lo mismo que en los hombres que sí podían hacerlo.

Awqa Sisa Warmy Sikuris

Esta es la primera agrupación de sikuris sólo de mujeres en la ciudad de Arequipa. Se formó a principios del 2017 con la iniciativa de dos de aquel cuarteto femenino que ya tenían experiencia en sikuris masculinos. Las integrantes de este grupo, a diferencia de sus pares masculinos, han participado como invitadas en diversos eventos culturales donde no solía ser habitual la presencia de estos grupos musicales. Corroboran lo que Judith López Uruchi, antropóloga y directora del grupo de mujeres Sikuri Inalmama, dice: «es una forma de resistencia cultural; las mujeres difunden la música según sus necesidades y el contexto en el que se encuentran. Por esta razón es que se ha visto en los últimos años grupos de mujeres sikuris feministas en las zonas urbanas».

Las intérpretes dicen: «No nos vamos a medir con los hombres porque ellos tienen una manera de expresar muy diferente a la nuestra. Nosotras expresamos de distinta manera la forma de hacer música a través de nuestro sentir, interpretamos nuestra melodía a través de nuestros soplidos».

Las expresiones musicales son fenómenos culturales que proporcionan recursos para construir una identidad colectiva. Por esto, se puede entender por qué las integrantes de Awqa Sisa manifiestan que no sólo quieren despertar sentimientos en el público sino que también usan la música para reivindicar derechos. Muchos estudios aseguran que existe un patriarcado originario ancestral, que es un sistema milenario estructural de opresión hacia las mujeres indígenas. Se reinterpretan las realidades de la vida histórica y cotidiana de las mujeres indígenas, dentro del mundo indígena y fuera de el en espacios urbanos por medio de la presencia de las mujeres sikuris.

Distintas formas de aprender a soplar el sikuri

El proceso para aprender a tocar el siku es distinto en hombres y en mujeres. Ellas forman un círculo de confianza y apoyo grupal, pero su formación es más individual que el de los hombres. Esto es por la presión de hacerlo bien al transgredir una ley no escrita de que la mujer no debe tocar. Son más detallistas y perfeccionistas en el estudio y refuerzan más sus ensayos en solitario. No priorizan los aprendizajes colectivos o en pareja que son fundamentales para los grupos masculinos.

El etnomusicólogo Américo Valencia dice que tocar en grupo es «confeccionar frases musicales que componen una melodía nota a nota». Para lograr esto se necesita un diálogo íntimo tanto grupal como en pareja y lograr una alternancia de sonidos. Esta unidad social es una fuerza musical que la audiencia percibe.

En la mayoría de grupos masculinos, los sikuris aprenden a tocar por imitación sin el uso de sistemas simbólicos escritos. Entre estos sistemas está la numerofonía que apenas usan los hombres porque prefieren los aprendizajes colectivos. Las mujeres sí emplean activamente este sistema.

En las agrupaciones mixtas son habituales los conflictos, sobre todo en los momentos de aprendizaje y por la imposibilidad de participar en todas las actividades de las agrupaciones con las mismas oportunidades. Esto se debe, sobre todo, a la presencia de estereotipos de los roles de género que, muy a menudo, impiden la permanencia a largo plazo de las mujeres con la fuerza de una profecía autocumplida.

No siempre se puede confiar en las mujeres porque a la larga tienden a dejar el grupo, se casan o están pendientes de los cuidados de la familia.

Por este motivo y por los problemas generados por el proceso de asimilación de las técnicas del siku en grupo, las mujeres han formado grupos sólo femeninos. En el caso de Awqa Sisa Warmy Sikuris la transmisión de conocimientos se realiza de mujer a mujer con el uso del método de numerofonías. Los ensayos son repetitivos y constantes a lo largo de cada mes, lo que reduce el tamaño del repertorio que practican en comparación con el de los grupos masculinos. Sin embargo, sus actuaciones abarcan contextos culturales distintos a los de sus pares masculinos como actos académicos, acompañamiento en presentaciones de libros y conferencias, presencia en eventos culturales, etc.

En la mayoría de grupos, la actividad no supone un beneficio económico. Si aparece algún contrato los beneficios se destinan a comprar instrumentos nuevos, reparar los que estuvieran estropeados o adquirir uniformes.

En cuanto a los uniformes y la vestimenta, un hombre sikuri dijo que si las mujeres quieren revalorizar a la mujer andina deberían vestirse como tal, «los hombres ensalzamos la vestimenta del hombre con pantalón de bayeta, la camisa, etc. Pero las mujeres se contradicen en su discurso al vestirse con polleras en algunas presentaciones». Para este sikuri, Awqa Sisa «es un buen proyecto sobre igualdad de género y en el aspecto social está bien, pero en lo cultural no estoy de acuerdo porque se tergiversa el sentido sikuri y no respetan las tradiciones». Las mujeres de Awqa Sisa usan polleras y, al hacerlo, manifiestan una reivindicación de la mujer andina de las comunidades originarias aunque esté descontextualizada. Para muchos esto es paradójico.

Muchos dicen que si la resistencia cultural que las induce a utilizar los trajes identitarios fuera tan consistente, no habría mujeres actuando en tropas sikuris en contextos nuevos. Awqa Sisa no quiere recrear la tradición sino que desean ganar legitimidad vinculándose con ella.

Hay hombres que piensan que el empoderamiento de las mujeres se basa en excluirlos, como en esta banda de sikuris sólo para mujeres. La antropóloga argentina Rita Segato, en una entrevista, manifestó que «empoderarse es una palabra que no utilizo, porque cuando uno habla de poder implica despoder y a mí me interesa aspirar a un mundo horizontal. Horizontal de verdad, porque los hombres sonríen y confían en mantener privilegios, mientras que la mujer está acostumbrada a ser desplazada».

Con todo, los avances de las mujeres que muestran interés en la música tradicional constituyen un gran logro en su derecho a la igualdad. El aprendizaje de sus instrumentos y las nuevas maneras de exhibirlo les dan la oportunidad de hacer visibles otras identidades colectivas. Un hito llamativo es que Awqa Sisa Warmy Sikuri ha derribado una barrera en el aprendizaje: los hombres ya no monopolizan la enseñanza y transmisión de la tradición sikuri. Ahora una mujer puede enseñar a otra mujer.

 

Referencias

Algunos vídeos con sikuris

Sobre la autora

Marta Bueno Saz es licenciada en Física y Graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. Actualmente investiga en el ámbito de las neurociencias.

Fuente: Mujeres sikuris del sitio Mujeres con ciencia.

COMPARTIR:

Comentarios