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20 de julio de 2023

La relación de «Eros» y la astrónoma Margaret Harwood

Eros es el dios griego del amor y la sexualidad, pero también es el nombre de un asteroide que entró en la vida científica de una astrónoma que, cuando se descubrió, en 1898, apenas contaba 13 años, y que llegaría a ser de las primeras mujeres de la historia en ocupar el cargo de directora de un gran observatorio.

Se trata de Margaret Harwood, una de las grandes exploradoras del Universo y gran especialista en el uso de la fotometría, esa técnica que mide el brillo de los astros y nos ha permitido, muchas décadas después, saber cómo son los planetas que hay fuera de nuestro Sistema Solar.

Pero vayamos al principio de su historia. Margaret nació en 1885 en un pequeño pueblo de Massachusetts, Littleton, donde su padre, Herbert J. Harwood, era profesor y, además, un reconocido historiador local. Ese ambiente cultural en una casa donde convivía con nueve hermanos, sin duda animó a la joven a seguir estudiando, primero en el Radcliffe College de Harvard (1907) y más adelante en la Universidad de California. Pero tras su graduación en Radcliffe, Margaret ya había conseguido trabajar en el Observatorio de Harvard, una tarea que compaginaba con la enseñanza en varias escuelas del área de Boston. Sin embargo, todo indicaba que su vocación iba destinada a la ciencia más que a la docencia.

Una mujer joven, pionera directora

Un año importante en su vida fue 1912, cuando logró una beca para investigar en el Observatorio Maria Mitchell (MMO, por sus siglas en inglés), creado ocho años antes. Ese programa de becas se había iniciado con la ayuda de Annie Jump Cannon, una astrónoma, muy conocida y respetada en el Observatorio de Harvard, que catalogó más de medio millón de estrellas y fue la primera mujer en recibir un doctorado ‘honoris causa’ en Oxford. También la joven Margaret comenzaba a ser reconocida, de modo que con solo 31 años, en 1916, fue nombrada directora del OMM, situado en la isla de Nantucket (Massachusetts), por cierto, una institución bautizada con el nombre de la que fue la primera astrónoma estadounidense. Margaret estaría a su frente hasta 1956, cuando se jubiló y fue sustituida por Dorrit Hoffleit.

Margaret Harwood.

Estamos hablando de la primera mitad de un siglo en el que se creía que las mujeres ni podían ni debían dedicarse a las ciencias. Incluso en tiempos recientes se ha dicho que su capacidad para ello era menor. Harwood tuvo que enfrentarse a discriminación por su género. Así ocurrió en el Observatorio Monte Wilson, entonces el observatorio líder en el mundo, inaugurado en 1904 con un espejo de 1,52 metros, el más grande del planeta. Por entonces, el director hacía gala de cumplir estrictamente la regla de «no mujeres» para utilizar los telescopios, pero ocurrió que fue sustituido durante un tiempo por un buen amigo de Margaret Harwood que aprovechó para invitarla a observar desde allí el Cosmos. En aquel lugar pasó casi todo un año sabático, de agosto de 1923 a junio de 1924, y allí observó estrellas y asteroides, y se acercó al Eros, un asteroide que cruza Marte, el primero conocido en entrar en la órbita de Marte. Para sorpresa de muchos astrónomos, Margaret detectó que su brilló variaba (probablemente debido a su rotación). Además, durante los últimos tres meses de su estadía, pudo utilizar el que fuera el primer gran telescopio. A la señorita Harwood, como se la conocía, le fascinaba la fotometría, la técnica que permite medir la variación en la luz que nos llega de las estrellas y los asteroides.

Con el tiempo, se hizo muy amiga de Edwin Hubble –que daría nombre al primer telescopio espacial–, con quien estuvo poco antes del descubrimiento de las estrellas variables llamadas cefeidas en la galaxia de Andrómeda. Las cefeidas son estrellas que varían tanto en temperatura como diámetro para producir cambios de brillo con un periodo y amplitud estables muy regulares. En realidad, su hallazgo se debió a otra astrónoma, Henrietta Swan Leawitt aunque, como tantas veces ha ocurrido y sigue ocurriendo, el mérito se lo llevaron sus jefes, uno de ellos Hubble.

Inspiradora de vocaciones

Margaret llegó a ser muy conocida en la isla de Nantucket, donde inspiró a muchas jóvenes para dedicarse a la ciencia a través de sus conferencias, una programación de eventos y noches en las que abría el observatorio al público. Edouard Stackpole, ex directivo de la Asociación Maria Mitchell, diría que «era una contraparte» de su predecesora por «su claro propósito de dedicación a la ciencia, su conocimiento de los métodos de enseñanza, su comprensión del espíritu humano y su actitud  de nunca darse por vencido». De hecho, muchas mujeres astrónomas fueron invitadas a participar, como asistentes bajo su tutela, hasta su jubilación. En esos años, el MMO se convirtió en un paraíso para las jóvenes atraídas por asomarse al Universo a través de los telescopios. Entre otras, su futura directora, Margaret Walton Mayall.

A lo largo de su carrera científica, Margaret no sólo fue miembro de la Sociedad Astronómica Estadounidense y de la Real Sociedad Astronómica, sino que mantuvo correspondencia con colegas de todo el mundo y viajó mucho por Europa y los Estados Unidos para investigar y divulgar.

Entre sus logros científicos, destaca el hallazgo del asteroide 886 Washingtonia en 1917, pero no figura como descubridora, sino que se atribuye a George Peters, del Observatorio Naval, el primero en informarlo. Cuatro días antes, Margaret Harwood ya lo había visto pero se le recomendó no decir que era algo nuevo porque «era inapropiado que una mujer saliera a la luz pública con tal afirmación».  De hecho, la primera mujer a la que se le atribuye el descubrimiento de un planeta menor fue Pelageya Fedorovna Shajn, 11 años después. No deja de ser irónico que medio siglo  después, en 1960, se le dedicara el nombre un planeta menor. Es un asteroide llamado 7040 Harwood.

Margaret Harwood. Smithsonian Institution Archives, Accession 90-105,
Science Service Records, Image No. SIA2008-3368.

De su vida personal no se sabe mucho, aunque si que fue miembro de la Comunidad Unitaria, una corriente del cristianismo protestante que cree en un dios unipersonal. También que trabajó como voluntaria para el Hospital Nantucket Cottage, el Comité Escolar y la Cruz Roja de la isla. Durante la Segunda Guerra Mundial se dedicó a la enseñanza en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Falleció en 1979, dejando un legado tan profundo y rico como el de Maria Mitchell. Su herencia sigue viva en sus resultados científicos, pero también en todas aquellas personas a quienes inspiró y, a su vez, ahora inspiran a nuevas generaciones.

 

Referencias

 

Sobre la autora

Rosa M. Tristán es periodista especializada en la divulgación científica y ambiental desde hace más de 20 años. Colabora de forma habitual en diferentes medios de prensa y radio de difusión nacional.

Fuente: La relación de «Eros» y la astrónoma Margaret Harwood 

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