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15 de julio de 2023

Frieda Robscheit-Robbins, hígados a los perros para curar la anemia y el Nobel que no fue

Noticia aparecida en Democrat and Chronicle (17 noviembre 1946, página 23). Frieda Robscheit-Robbins aparece a la izquierda.

«Porque al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, incluso lo que tiene se le quitará», dice en un momento el Evangelio según San Mateo. Esta frase da nombre al llamado efecto Mateo, que se puede resumir en que los que más tienen, más reciben y a los que menos tienen, menos aún se les da, cuando lo justo, nos dice nuestro sentido ético, sería hacer justo lo contrario. Esto ocurre en el mundo de la ciencia, cuando a menudo los científicos más reconocidos y prestigiosos reciben en proporción más reconocimiento y más recursos que los que apenas tienen algo, a los que se despoja de eso poco que tienen.

El efecto Matilda es la otra cara de esa moneda. Se usa para definir un fenómeno habitual que han sufrido y aún hoy sufren las científicas e inventoras a lo largo de la historia: sus logros se atribuyen a sus compañeros de trabajo, a sus parejas, a sus estudiantes… prácticamente, podría decirse, a cualquier hombre que pasaba por allí.

En 1934 el médico e investigador George Hoyt Whipple recibió el premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus investigaciones sobre el uso de tejido hepático para tratar la anemia perniciosa, una enfermedad en la que una deficiencia de vitamina B2 impide que se generen suficientes glóbulos rojos. Llevaba décadas investigando sobre ello y había publicado decenas de artículos al respecto. En esos estudios, junto a su nombre, aparecía el de Frieda Robscheit-Robbins. En el premio, en cambio, el nombre de ella no estaba. Whipple sí la mencionó en su discurso de agradecimiento y repartió el dinero del premio con ella y otras personas que habían participado en las investigaciones.

Dietas a base de órganos para alimentar a perros con anemia

Friedericke Mathilde Saur nació en Renania, hoy parte de Alemania, el 8 de junio de 1888. Su familia emigró a Estados Unidos en 1900 y se instaló primero en Chicago y después en San Francisco. Tras terminar la secundaria, ella continuó sus estudios en la Universidad de Chicago primero y en la de California después.

En 1917 comenzó a trabajar para Whipple, una colaboración que duraría 38 años. En 1921 él se trasladó a Rochester, en Nueva York, para ocupar el puesto de Decano de la Escuela de Medicina y Odontología de la nueva Universidad de Rochester. Frieda, casada y ya con el apellido de su marido, Robscheit (aunque en algún momento ambos lo americanizaron como Robbins, ella firmaría artículos con los dos), continuó el trabajo en San Francisco. En 1922 ella sería la segunda empleada de esa escuela cuando también se trasladó, junto a cuarenta perros para investigación, en un vagón de tren especial acondicionado para ellos. Se divorció a finales de esa década.

En esos años, Robscheit-Robbins y Whipple crearon un modelo animal para el estudio de la anemia, al descubrir que, cuando los perros pierden una gran cantidad de sangre, tienen síntomas parecidos a los de esa enfermedad. Utilizaron perros porque eran suficientemente grandes como para que las extracciones de sangre necesarias cada pocos días no pusieran en riesgo su vida y su salud.

Noticia aparecida en Democrat and Chronicle
(18 noviembre 1934, página 49).

Desarrollado su modelo experimental, probaron a alimentarlos con dietas basadas en distintos órganos, como el bazo, los pulmones, los intestinos o el hígado. Determinaron que los perros alimentados a base de tejido de hígado eran los que más rápido se recuperaban, sugiriendo con ello que la anemia estaba relacionada con un funcionamiento defectuoso de este órgano. La idea de que comer un determinado órgano cuya carencia o mal funcionamiento causaba determinada enfermedad no era nueva.

A pesar de que su papel protagonista no fue reconocido en el Nobel de Whipple, ella siempre le quitó importancia a este hecho. Consideraba que el éxito de sus investigaciones y el impacto que tuvieron en la vida de los pacientes era más importante que los reconocimientos.

Robscheit-Robbins firmaría como autora más de cien publicaciones sobre enfermedades hepáticas y de la sangre, sobre depuración y regeneración sanguínea y varios capítulos de libros de texto de medicina. Fue la primera mujer que presidió la Sociedad Estadounidense de Patología Experimental entre 1951 y 1952.

Se volvió a casar en 1951. Tras su retiro de la universidad en 1955, el matrimonio se trasladó a Tucson, en Arizona. Allí murió el 18 de diciembre de 1973.

 

Referencias

 

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

Fuente: Frieda Robscheit-Robbins, hígados a los perros para curar la anemia y el Nobel que no fue

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