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21 de abril de 2023

Botánicas de Latinoamérica (4). Maria Bandeira, una mística transición desde la botánica al convento

El nombre de Maria do Carmo Vaughan Bandeira (1902-1992), corresponde a la primera botánica que en la década de 1920 trabajó en el Jardín Botánico de Río de Janeiro. Sin embargo, pese al significativo número de especímenes de plantas que recolectó, estudió y clasificó, hasta hace muy poco tiempo permaneció desconocida para la historiografía, siendo en consecuencia apenas citada en la literatura científica.

De hecho, las investigadoras del Jardín Botánico de Río de Janeiro (JBRJ) Begonha Bediaga y Ariane Luna Peixoto, junto al científico Tarciso S. Filgueiras del Instituto Botánico de San Pablo, han descrito su sorpresa al «tropezar con un artículo de Pamela Henson (2003) [historiadora de Smithsonian Institution], que decía: “doña Maria Bandeira era una especialista en musgos del JBRJ, que facilitó el trabajo de Mary Chase [destacada botánica estadounidense] e incluso la acompañó en sus viajes de campo en varias ocasiones». A partir de este hallazgo, el equipo investigó meticulosamente la biografía de Maria Bandeira, trayendo a la luz a una botánica muy particular (Bediaga et al, 2014; 2016).

Antes de continuar, nos parece ilustrativo apuntar que, en la mayor parte de los casos, estudiar la biografía de las botánicas brasileñas implica centrar la atención en el Jardín Botánico de Río de Janeiro. Esta destacada institución fue creada a principios del siglo XIX, concretamente en 1808, y hoy es mayoritariamente considerada como una «auténtica joya natural» declarada Patrimonio Histórico Nacional. El JBRJ es uno de los jardines botánicos más ricos del mundo, pues alberga en torno a 9000 especies de plantas nativas y foráneas, junto a varios edificios de notable interés. Históricamente ha sido, y lo sigue siendo, ampliamente visitado por investigadores brasileños y extranjeros atraídos por la extraordinaria biodiversidad y riqueza de sus colecciones.

En la década de 1920, el Jardín Botánico atravesaba un período especialmente prolífico. Acreditados especialistas se habían implicado en el inventario de la flora del país, desplegando una considerable actividad mediante numerosas excursiones al campo y la realización de diversos trabajos en el laboratorio. La finalidad era recolectar, identificar y documentar muestras representativas de plantas o partes de plantas disecadas y prensadas para las colecciones del herbario, y plantas vivas para el arboreto, espacio primordialmente dedicado a los árboles, arbustos.

A partir de ese periodo se incrementaron los intercambios con herbarios internacionales, así como las visitas de diversos naturalistas foráneos y locales, junto a la formación y entrenamiento de nuevos botánicos. Además, se llevaron a cabo exitosos proyectos que contribuyeron notablemente al avance de los conocimientos científicos sobre la rica flora de Brasil. Todo ello ha quedado reflejado en un significativo aumento de la colección de especímenes del citado herbario y de las plantas incorporadas al arboreto.

 

¿Quién fue Maria Bandeira?

Maria Bandeira nació en Río de Janeiro en 1902, siendo la hija menor de una familia de clase media alta con 5 hijos (cuatro chicas y un chico). Su padre, Raimundo Carneiro de Souza Bandeira (1885-1929), era médico, director del Hospital de los Ingleses de Río de Janeiro. Su madre, Helena Dubeux Vaughan (1866-1930), de origen inglés, tenía conocimientos musicales.

Maria Bandeira en el laboratorio del JBRJ.

Tras recibir una buena educación secundaria, la joven decidió que quería estudiar botánica en el Jardín Botánico de su ciudad, donde un equipo, formado por hombres en su mayor parte autodidactas, estaba implicado en destacados y novedosos proyectos de investigación muy apreciados en su entorno. Alrededor de 1918, Maria Bandeira ingresó en el Jardín, aunque los documentos disponibles, señalan sus biógrafos, no permiten determinar el año preciso de ese ingreso.

En 1925 fue contratada por la institución y, según apuntan Bediaga y sus colaboradores, «aparentemente, Bandeira causó buena impresión en aquel ambiente, [ya que] se adaptó rápidamente a las actividades relacionadas con la organización del herbario; además, comenzó muy pronto a recolectar con entusiasmo especímenes vegetales». Asimismo, la joven abordó una activa correspondencia, contactando con importantes especialistas de diferentes partes del mundo. Con ellos intercambiaría no solo información bibliográfica, nuevos hallazgos y resultados, sino también valioso material botánico. Cabe subrayar que el intercambio de especímenes entre distintos herbarios es una actividad enriquecedora muy frecuente entre especialistas de todas las partes del mundo.

La buena formación recibida por Bandeira le proporcionó la valiosa ventaja de dominar varios idiomas. Tal como señalan los biógrafos, «sus habilidades lingüísticas eran notables e inesperadas en una mujer brasileña de aquel tiempo. Además de portugués, su lengua nativa, hablaba inglés (había estudiado en Inglaterra durante varios años), francés, alemán, y era competente en latín, una ventaja adicional para cualquier joven aspirante a los estudios de botánica sistemática. Esta capacidad lingüística abrió muchas puertas a Bandeira, tanto en Brasil como en el extranjero».

 

Comienzos de una carrera profesional

A partir de su primer contrato, la joven Maria Banderia se implicó cada vez más en las actividades del Jardín Botánico, llegando incluso a ser su representante oficial. Así, por ejemplo, «con ocasión de la llegada a Río de Janeiro de la química dos veces premio Nobel, Marie Curie, en 1926, Maria Bandeira se encontraba representando al JBRJ en la comitiva de recepción de la científica en el puerto de la ciudad, como muestran las noticias de los periódicos de la época, que se refieren a ella como una funcionaria de «la sección de briofitos» (Bediaga et al., 2016).

Recordemos que las briofitas son pequeñas plantas que representan un importante paso en la evolución de la vida en la tierra, porque engloban a los grupos más antiguos de plantas terrestres; comprenden principalmente a los musgos y a las hepáticas.

La joven Bandeira no solo se comprometió activamente con los proyectos de investigación del Jardín y la organización y cuidado del herbario. Además, las expediciones realizadas a diversas localidades de Río de Janeiro para recolectar material, despertaron en ella un creciente interés por las briofitas y por los hongos y líquenes, que se convertirían en el objetivo primordial de su propia trayectoria científica.

Maria Bandeira realizó sus primeros trabajos en colaboración con Viktor Ferdinand Brotherus (1849-1929), un briólogo finlandés de gran prestigio, que en 1891 había publicado un trabajo seminal titulado La flore bryologique du Brésil. La joven se fijó entonces como objetivo estudiar las briófitas de su región e incorporar estas plantas en los proyectos de ampliación y clasificación de las colecciones científicas del JBRJ.

La colaboración profesional entre el científico y Bandeira fue bastante intensa, ya que, conforme indican sus biógrafos, «Maria hacía una identificación preliminar del material que ella había recolectado, lo enviaba a Brotherus quien ratificaba o rectificaba las determinaciones, con la autoridad de un especialista en ese grupo de plantas, recomendando también bibliografía especializada».

A partir del meticuloso estudio de las etiquetas que acompañan a las plantas almacenadas en el herbario de Río, Bediaga y sus colaboradores averiguaron que Bandeira tenía una notable capacidad para escalar montañas y que incluso había aprendido a usar técnicas de alpinismo. Se trata de una destreza muy importante para una naturalista ya que, como es fácil imaginar, permite recolectar en lugares de difícil acceso y en los hábitats más variados.

Las bases de datos del JBRJ muestran que entre 1923 y 1929 Bandeira recorrió territorios muy diversos, recolectando principalmente briófitas, hongos y líquenes. Sus colecciones comprenden más de 800 especímenes que, correctamente disecados y etiquetados fueron depositados por la botánica en el herbario del Jardín. Asimismo, Maria llevó a cabo la habitual tarea de su profesión, consistente en intercambiar duplicados con otros centros brasileños, europeos y americanos.

 

Encuentro con la gran botánica estadounidense Agnes Chase

Nos parece muy interesante resaltar el estrecho contacto que Maria Bandeira mantuvo durante años con la especialista estadounidense Mary Agnes Meara Chase (1869-1963), muy respetada en el escenario de la botánica mundial dada su reconocida competencia científica.

Agnes Meara Chase realizó diversas expediciones por América del Sur con el fin de recolectar material para sus numerosos proyectos de investigación. Algunos de estos viajes tuvieron como meta Brasil y, en Río de Janeiro la científica fue calurosamente recibida en el Jardín Botánico. Maria Bandeira tuvo entonces la oportunidad de entrar en contacto con la destacada visitante, ofrecerse como acompañante y guía, y participar activamente en sus pesquisas.

Maria Bandeira y Agnes Chase en el pico Agulhas Negras, Itatiaia, Río de Janeiro, 1925.

Las aventuras que emprendieron juntas durante sus expediciones evolucionaron en una larga y estrecha amistad. En 2003, la citada historiadora Pamela Henson relataba que cuando Agnes Meara Chase llegó a Brasil, Bandeira hizo todo lo que estaba a su alcance para ayudarla en su trabajo, acompañándola y guiándola durante sus desplazamientos en numerosas ocasiones. «Juntas escalaron uno de los picos más altos de Brasil, Agulhas Negras en la Sierra de Itatiaia, y descendieron con sus bolsas llenas de especímenes vegetales». Al llegar a Rio de Janeiro, continúa Henson, Chase confesaba que estaban «felices, sucias y cansadas».

A medida que la amistad entre Agnes Meara Chase y Maria Bandeira se iba estrechando, la experta estadounidense estimuló a la joven brasileña para que viajara a Europa y adquiriese una formación superior. Convencida del talento de su amiga y colega, la influyente botánica norteamericana escribió una serie de cartas de recomendación en la que presentaba elogiosamente a Maria Bandeira ante acreditados botánicos europeos. Los consejos de Chase no cayeron en el vacío; por el contrario, estimularon la curiosidad y el interés de Bandeira quien, tras una serie de gestiones y preparativos decidió partir hacia el viejo continente.

 

Los estudios en París

A comienzos de la década de 1930, Bandeira embarcó con destino a Europa donde visitó diversos lugares en Italia, Suiza, Austria, Inglaterra y Francia, si bien su destino final era París. Previamente había acordado que en la gran capital se incorporaría a La Sorbona para realizar proyecto de investigación sobre musgos bajo la dirección del prestigioso fisiólogo vegetal Louis E. Lapicque (1866-1952). Así lo hizo, y su correspondencia de esa época sugiere que en París fue muy bien recibida, disfrutaba de un entorno acogedor y estaba satisfecha con su proyecto.

El 8 de octubre de 1931, describe Pamela Henson, Maria escribió una carta a Agnes Chase, en la cual le contaba que «permaneceré aquí [en La Sorbona] hasta que finalice el trabajo que estoy preparando bajo la dirección del profesor Lapicque, lo que me permitirá obtener un diploma de estudios superiores (Diplôme d’études superieures). También estoy siguiendo un curso de Geografía Física». Entre sus planes de futuro, confesaba a Chase estar «ansiosa por aplicar los conocimientos de esta materia [Geografía Física] para explicar Itatiaia, el Pan de Azúcar, y otras formaciones de Brasil». Asimismo, la joven botánica agradecía a Chase «todas sus cartas de presentación, pues me están siendo muy útiles».

Bandeira también mantuvo correspondencia con la brillante botánica inglesa Agnes Robertson Arber (1879-1960), una de las más eminentes expertas en morfología y anatomía vegetal en aquel tiempo. Pamela Henson ha subrayado que Maria Bandeira cuando llegó a París ya era parte de una extensa red de trabajo formada por mujeres científicas que intercambiaban conocimientos, se apoyaban unas a otras con consejos, logística, hospitalidad y estímulos.

Según relata el equipo de Begonha Bediaga, «aparentemente, todo iba muy bien con los estudios de Maria en La Sorbona […]. Pero las cosas empezaron a cambiar rápidamente en algún momento del año 1931, cuando la joven recibió una carta de la madre superiora del Convento Santa Teresa de las Carmelitas Descalzas en Río de Janeiro, informándola sobre la existencia de una plaza libre. De inmediato, Bandeira abandonó lo que estaba haciendo, regresó a Río, y a finales de ese mismo año tomaba los hábitos para dedicarse a la vida de clausura, acabando definitivamente con sus actividades públicas.

El súbito abandono de todos sus proyectos profesionales para ingresar en un convento sorprendió a todos los que rodeaban a Maria Bandeira. Quizás quien experimentó la mayor desilusión fue Agnes Meara Chase, ya que había puesto muchas esperanzas en ella, considerándola una científica muy prometedora para la botánica, además de una estrecha colaboradora.

El equipo de investigación de Bediaga ha manifestado en varias ocasiones su confusión y sorpresa al informarse sobre tan imprevista decisión. Han revelado que, tras cuidadas búsquedas e intensos debates fueron incapaces de encontrar argumentos sólidos sobre los motivos que llevaron a Bandeira por esta inesperada senda en su vida. Evitando especulaciones infundadas, concluyen que lo único claro es que «el 11 de abril de 1932 la joven fue solemnemente recibida en el convento. Aquí permaneció durante 60 años, viviendo en completa reclusión, dedicándose a la oración, el silencio y estudios religiosos».

 

Un valioso legado

Superado el desconcierto, Begonha Bediaga y sus colaboradores sostienen con firmeza que, en su opinión, «Maria Bandeira merece un lugar en la historia de la botánica de Brasil, por diversas razones»; entre éstas destacan «las importantes colecciones de musgos, hongos y líquenes, además de algunas angiospermas, con las que enriqueció el herbario del Jardín Botánico de Río de Janeiro».

Ciertamente, pese a su corta vida científica, el material legado por Bandeira a la botánica consta de un valioso número de especímenes que, reunidos a lo largo de la década de 1920, hoy pueden estudiarse en el herbario del Jardín y también en los duplicados que albergan diversos centros de distintas partes del mundo. Cabe al respecto subrayar que durante sus recolecciones Bandeira era una especialista muy meticulosa; recogía las plantas y las acompañaba de etiquetas con detalladas anotaciones sobre el sustrato, el hábitat, las estructuras morfológicas y otros detalles que consideraba de interés.

En 1928, Maria Bandeira tuvo el mérito de ser la primera mujer contratada como botánica por el JBRJ. Muy pronto se integró en el comité editorial de los Archivos del Jardín Botánico (Archivos do Jardim Botânico), la revista institucional de investigación creada en 1915, siendo la única mujer con nómina en aquellos momentos. Su eficiente participación editorial, así como sus cartas dirigidas a expertos internacionales, contribuyeron a que el Jardín fuese más visible y conocido en el mundo científico.

Bediaga y colaboradores han señalado que «llama la atención la confianza depositada en una joven editora de 28 años por científicos ya consagrados […]. Su presencia en una posición relevante de la carrera científica en un ambiente predominantemente masculino [muestra que] sus pares la tenían en alta consideración».

La trayectoria de Maria Bandeira revela, en suma, el sendero de una científica que caminaba hacia una carrera académica exitosa. Sin embargo, por motivos no conocidos a los 29 años abandonó su profesión para dedicarse a la vida religiosa en clausura. Pese a tan desconcertante decisión y a su corta vida profesional, fue parte de una de las mayores redes de trabajo entre mujeres científicas de su tiempo, y hoy se la recuerda como una figura destacada en su especialidad.

 

Referencias

 

 

Nota de la editora

Este artículo es el cuarto de una serie sobre botánicas latinoamericanas.

 

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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