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8 de enero de 2023

Borges y Lugones

Alguna vez, en un prólogo ya lejano, Jorge Luis Borges imaginó un encuentro con Leopoldo Lugones, como si fuera un sueño, en el despacho de la vieja Biblioteca Nacional de la calle México. Pero eso no ocurrió nunca.”Mi vanidad y mi nostalgia han armado una escena imposible”, escribió Borges. El profesor Marcelo Méndez da cuenta en esta nota de una polémica que conforma un capítulo de la historia de la Literatura Argentina. Nada menos.

 

Borges y Lugones

Contra lo que la icónica imagen del anciano con bastón puede sugerir, el joven Borges tuvo participación activa en las polémicas literarias de su tiempo.

Vuelto de Europa en 1921 –esto es a sus 22 años- Borges se sumó con rapidez a la vanguardia porteña, que tenía entre sus enemigos al modernismo, esa escuela poética de lenguaje rimbombante y frondoso que encabezó Rubén Darío. Como Leopoldo Lugones era el más notorio modernista de la Argentina, Borges fue tras él.

Tomando en cuenta ese lenguaje lujoso y abigarrado del modernismo, su fidelidad a la rima y a la métrica, categorías que las vanguardias habían mandado a desguace, Borges empezó por decir que “Lugones era el único escritor que escribía con todo el idioma”. La irónica injuria señala una incapacidad de selección y hasta de estructurar un pensamiento por parte de Lugones, que carga con “todo el idioma” y era esperable viniendo de Borges que ya había declarado que iba a armar su poesía con las nueve o diez palabras que se llevaran bien con su corazón. En efecto, el criollismo de los primeros poemas borgeanos está en las antípodas de la poesía lugoniana.

Pero la arremetida no termina acá: a la postura pública de Lugones sobre Martín Fierro ─ al que consideraba nuestra intocable Odisea, convenciendo de esto hasta al presidente Sáenz Peña ─ Borges le opone la idea de que el Martín Fierro, al que alguna vez llega a comparar con la Biblia, es una novela, porque está cargada de peripecias y que todo escritor o escritora puede retocarlo. Sus versos son un material que está ahí para apropiárselo. Los cuentos “El Fin” y “Biografía de Tadeo Isidoro Isidoro Cruz” son ejemplo concreto de esa toma de posición.

El tono áspero caracterizó estas atropelladas de Borges contra Lugones. Sólo se suavizó hacia 1954, cuando Borges le dedicó un libro a un Lugones que había muerto por su propia mano dieciséis años antes. Una paz a destiempo pero paz al fin.

                                                                                 

MARCELO MÉNDEZ

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