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28 de agosto de 2022

Petrona, una criolla de Areco

La llanura y la estancia, peones, patrones, en la pampa argentina como ámbito de desarrollo de la novela de Güiraldes, y la sabiduría y heroísmo de aquel don Segundo resuenan en este relato familiar de Roberto Michelena que incorpora a una mujer criolla con parejas virtudes para afrontar los desafíos y adversidades de la existencia.

Petrona, una criolla de Areco

Petrona Guevara nació en 1862, en el campo, a una legua de San Antonio de Areco, unpueblo enclavado en la pampa, tierra de querandíes, gauchos y criollos. Sobre el río que lo atraviesa, se construyó a mediados del siglo XVIII, el Puente Viejo. Para cruzarlo, era necesario pagar un derecho de paso, primer “peaje” en el país, sobre el Camino Real al Alto Perú.

Petrona, nuestro personaje, era una criolla de profundos ojos negros, animosa y alegre. Tuvo una infancia feliz a pesar de las privaciones familiares.Siendo muy joven se casó con un puestero de estancia y arriero. Tuvo cinco hijos: Acasia, la única mujer, y uno de los varones, Raúl Guevara, llamado el “Indio Cantor”, fue guitarrero y payador. Acasia formó su familia y de allí nació Eduardo, criollo como su abuela, de piel y ojos oscuros.

Las tareas del campo eran duras pero placenteras para Petrona. De carácter fuerte y sufrido supo mantener a su familia, luchando contra la pobreza. En algunas oportunidades, se quedaba sola con sus pequeños hijos durante largas semanas, mientras su compañero transportaba hacienda como arriero a través de la pampa.

Petrona fue contemporánea en los pagos de Areco de Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra y del mismísimo Don Segundo. Ella recordaba que, durante una fiesta patria en Areco, había tenido la emoción de verlo a Segundo Ramírez en carne y hueso. Algunos años después, en 1927, Petrona fue testigo del sepelio de Güiraldes, y siempre relataba cuando Don Segundo encabezó el cortejo de gauchos que le dio su marco, echando el último puñado de tierra sobre el ataúd. Contar estas historias era uno de los grandes tesoros de su vida.

Con el tiempo, Acasia migró hacia la Capital en busca de nuevos horizontes, y Petrona se quedó cuidando a Eduardo, su pequeño nieto. A veces, Petrona y Eduardo se llegaban hasta el pueblo y ella disfrutaba viendo a su nieto cuando se lanzaba desde el Puente Viejo al río Areco. En la década del cuarenta, Eduardo y Petrona, dejaron el pago y se afincaron en una casa de alquiler muy humilde, en la localidad de Morón, en el oeste del Gran Buenos Aires.

Eduardo tuvo una hija, Mercedes, y la relación entre Petrona y su bisnieta fue muy estrecha. En 1952, cuando murió Evita, Petrona lloró todo el día escuchando las noticias a través de una vieja radio a bujías.El paso del tiempo, como tromba de años, fue dejando arrugas en la piel de Petrona mientras el cabello blanco contrastaba cada vez más con su piel oscura.

Luego de una caída con un brasero, se rompió la cadera y fue operada y alojada en un hogar de ancianos fundado por Evita en Morón. Hasta que partió hacia las estrellas con la nobleza de una criolla, luego de clamar por la presencia de su nieto Eduardo, que había muerto años antes. Petrona tenía 97 años.

Muchísimos años después, disfruto un café con Mercedes, mi compañera de toda la vida y decido escribir la historia de esta hermosa criolla de los pagos de Areco.

 

ROBERTO MICHELENA

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