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CULTURA

19 de abril de 2022

MI ÚLTIMO DÍA

Por: Kary de Temponi

La celda tenía poca luz, parecía una jaula, los barrotes estaban pintados de plateados y algunos ya tenían la pintura desconchada, la tenue luz que se colaba por una ventanilla de la puerta principal, la cual le daba cierta brillantez, que en algunos momentos Marcos pensó parecían rayos provenientes del cielo como si los Ángeles le iluminaran el camino a seguir.

Acostado en el catre miró el techo, algunos presos que habían sido huéspedes de ese recinto, habían escrito algunas palabras: “Nos vemos en el infierno”, “Por fin me voy m…”, “Adiós hijos de…”

Marcos leyó cada una de las oraciones escritas allí y pensó que todas describían la desesperanza de aquellos hombres que sólo ocuparon aquel lugar por un par de días y luego… LA MUERTE.

La muerte tampoco estaba lejos de él, había sido condenado a la silla eléctrica al igual que ellos y sólo le quedaban 24 horas de vida. Posiblemente si alguien le hubiese dicho que ese día llegaría, él le hubiese contestado que estaba loco, ya que siempre había escapado de la ley. Con sólo veintiséis años de edad y ya tenía el record de los mas buscados… y temidos agregaría él.

Asaltos, robos, asesinatos, secuestros,  todo un experto en hacer daño, en aquel entonces con sólo mirar a alguien le hacia temblar.

El guardia interrumpió sus pensamientos, le trajo su último almuerzo, al día siguiente a la doce en punto le diría adiós a la humanidad, miró la bandeja, era toda una exquisitez, cosa que no podía decir de sus anteriores comidas.

A pesar de lo que le esperaba estaba feliz, comió disfrutando cada bocado, el guardia le sonrió y le entregó el libro que le había solicitado, Marcos le devolvió la sonrisa y le agradeció la comida.

Miró el libro y al abrirlo leyó: “EL QUE HABITA AL ABRIGO DEL ALTISIMO MORARA BAJO LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE…” sal 91

Lo leyó una y otra vez y al hacerlo se llenaba de una profunda paz.

A la mañana siguiente se levantó temprano, oró dos horas, volvió a pedirle perdón al Señor, él, en el pasado había tomado el camino del mal y aunque Dios le había perdonado tenía que pagar por las consecuencias de su pecado.

No quiso desayunar, pues quería hacer su último ayuno, durante ese tiempo escribió varias cartas, una a su madre pidiéndole perdón por todo el dolor que le había causado; al pastor de la iglesia en la cárcel dándole las gracias por haberlo ayudado a salir de la oscuridad; a su novia presentándole el camino a la vida eterna; a su hijo, el cual aun no había nacido, explicándole cómo había sido su vida y como Jesucristo le había cambiado dándole la paz que necesitaba para soportar esos momentos difíciles fruto de su desobediencia y las últimas tres cartas a los familiares de los policías a quien él había asesinado, sabía que con ello no los levantaría de sus tumbas, pero necesitaba pedir perdón.

--Marcos llegó el momento – el guardia lo acompañó hasta la sala de ejecución, durante su tiempo allí pudo conversar con él y hablarle de Cristo, éste no había quedado muy convencido, sin embargo, le prometió visitar la iglesia.

A pesar de que estaba a sólo unos minutos de su muerte no tenía miedo. Lo ataron a la silla con unas gruesas correas, le colocaron una esponja húmeda en la cabeza rapada y le cubrieron el rostro, al abrir los ojos no podía ver nada, sólo escuchaba el sonido de las correas que se cerraban en sus tobillos, empezó a sudar, era sofocante, en ese instante recitaba el salmo 91. Escuchó las palabras del director de la cárcel  aunque no entendía lo que decía. Su mente repasaba en cuestión de segundos los últimos años de su vida… ¡OH DIOS GRACIAS POR TU PERDON! se oyó un ¡CLIP! y una fuerte descarga eléctrica sacudió todo el cuerpo de Marcos y en su mente sólo había una palabra la cual repitió hasta su último suspiro… JESÚS, JESÚS, JESÚS

Cuando el guardia se dirigió a la celda a recoger las pertenencias del joven miró el techo y pudo leer: “HOY ES MI ÚLTIMO DÍA Y JESÚS ES LA VIDA ETERNA.”

 

 

  Kary de Temponi

 

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