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27 de marzo de 2022

Las últimas horas de Antonio Gramsci

Antonio Gramsci fue un gran pensador marxista italiano que, prisionero del fascismo durante interminables 11 años, escribe una obra descomunal compuesta por 32 volúmenes que llevan hoy el nombre de Cuadernos de la cárcel. Rosario Vilches ha imaginado en este relato cómo fueron sus últimas horas de vida, esa madrugada del martes 27 de abril de 1937. Antonio Gramsci tiene apenas 46 años.

Cae la noche en la cárcel de Turín. Antonio lo sabe por los ruidos que escucha. Ya pasó el cambio de guardia de las 20 hs, escuchó los saludos y el ruido de llaves. Se oye el carro que trae la cena. Siempre lo mismo, un caldo tibio con pocos fideos, pan duro, sólo los domingos alguna fruta…

Él no sabe si es de día o de noche. Su celda carece de ventanas y jamás le permitieron salir al patio y conversar con otros reclusos. Se conformó con la mesa y la silla, hojas y pluma para poder escribir. La mesa semeja un campo de batalla, la silla tiene las patas desparejas y se le dificulta la estabilidad porque sus pies no llegan al suelo…. No importa, él escribe. Con entusiasmo, a veces con frenesí.

Antonio no presiente, sabe la inminencia de otra guerra. Y calcula que será peor que la primera.

Teme por el futuro de su amada Julia, su esposa, y de sus queridos hijos, Delio y Giuliano.

Escribe febrilmente. Aprovecha la luz de los pasillos hasta que se apagan. Escribe y escribe. A su mujer. A sus amigos. A sus hijos. A sus camaradas. Mezcla vivencias personales con libros leídos, envía mensajes optimistas, da fortaleza a todos sus queridos. Separa, combina. Escribe dos cartas y vuelve a sus manuscritos, sus fundamentos para una sociedad mejor, su postura respecto del marxismo, el anarquismo, el socialismo. El mundo en manos de los obreros, la distribución de la riqueza. Sabe que todo lo que escribe llegará a manos de alguien. Sabe. Sabe. Escribe.

Su cuerpo, pequeñísimo, delgado, tiembla, por momentos, de emoción; en otros por su tuberculosis. Sabe. Escribe. No hay tiempo. Sabe que pronto morirá. Sabe que no lo indultarán. Sabe. Sabe. Escribe.

Amanece en el penal de Turín. Un guardia cárcel encuentra el cuerpo sin vida de Antonio Gramsci doblado sobre la mesa en la diminuta celda. Antes de avisar a su superior, junta todas las hojas caídas alrededor del hombre. Cierta compasión hace que las guarde dentro de su negra casaca. Las entregará a la familia.

Llama a la guardia.

                                                                                          

ROSARIO VILCHES

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