CULTURA
15 de octubre de 2020
15 de octubre de 1581: primeros pasos del ballet
Enterate en esta nota, cómo y cuándo surgió una de las danzas más famosas y admiradas en el mundo.
Fue durante esa época, fin del siglo XVI, cuando la poderosa familia italiana de los Médici decidió hacer un espectáculo de la hechicera Circe -un personaje mitológico, popularizado en la Odisea de Homero-, para la celebrar la boda del Duque de Joyeuse con Margarita de Lorena, quien era cuñada del entonces Rey de Francia, Enrique III.
La pieza le fue encargada al coreógrafo y compositor francés, de origen italiano, Balthasar de Beaujouelx. Y es a partir de allí, cuando comienzan a codificarse determinados elementos y conceptos que le dieron forma al ballet. Hay quienes argumentan que fue el mismo Beaujouelx quien utilizó por primera vez el término “ballet”, el cual a su vez viene del italiano balletto, que significa bailar. La pieza de baile para los festejos del noble matrimonio se conoció como Ballet comique de la reine, y se estrenó en Versalles, aquel 15 de octubre de 1581.
Algunas de esas cuestiones codificadas tuvieron que ver con una estructura que los bailarines debían respetar a como dé lugar, para contar una historia. La estructura está conformada por una presentación; un dúo; las variaciones (primero masculina y luego femenina), y termina con una coda (en la que los bailarines protagonistas salen a escena para finalizar la obra).
Los pasos y movimientos, con los años, también configuraron sus propias reglas, ritmos y tiempos, en la que los artistas demuestran su gracia a la hora de la expresión. Entre ellos, el adagio (movimientos lentos y elegantes); allegro (rápidos y brillantes); arabesque (una de las posiciones básicas en la que el movimiento de proyección estiliza la extensión de brazos y piernas), y otros tantos como el brisé volé y el cabriole (el bailarín o bailarina expresa un movimiento con algunos pequeños saltos).
Con el éxito que demostraron algunas de las obras de ese momento, fue durante el gobierno del rey Luis XIV cuando se fundó la primera escuela académica de ballet. Así, las técnicas de esta nueva danza no solo quedaron fijadas, sino perfeccionadas y luego difundidas por todo el territorio europeo, para darle cuerpo a los mejores dramas, comedias, tragedias y las llamadas “danzas de carácter” (escenas de pueblo), con un código único y universal que aún hoy se siguen disfrutando.
Más tarde, el siglo XIX trajo consigo algunas de las piezas más bellas que continúan subiendo al escenario: El lago de los cisnes (1877);La bella durmiente (1890);El cascanueces (1892). Estas tres obras tienen la firma del francés Marius Petipa (1818-1910), quien inició toda una producción fuera de lo común, sobre todo, al instalarse en San Petersburgo y trabajar junto con el músico Tchaikovsky: el compositor de casi todos sus ballets.
Petipa dejó una gran cantidad de escritos que todavía se conservan sobre los tiempos requeridos de ejecución en las piezas de baile, la duración de cada una de ellas, el tono de las variaciones, el números de compases y otros elementos.
El entonces Imperio ruso, con el tiempo, se convertió en otra de las regiones más importantes para el desarrollo del ballet y la danza clásica. Así lo hicieron también las escuelas italiana, inglesa y dinamarquesa, con sus propias obras y estrellas. Y durante el siglo XX y XXI, la norteamericana y latinoamericana, cuyos sellos e improntas personales significaron una reapropiación -cuando no evolución- del lenguaje de la danza y el ballet. No obstante, todas sus academias no dejaron de mirar hacia Francia, su histórica colega bailarina, la que dio los primeros pasos en este arte corporal que, todavía hoy, permanece en constante movimiento.
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