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CULTURA

30 de noviembre de 2021

SIEMPRE JÓVENES.

Por: Kary Temponi

Laura y Jorge eran una pareja joven, con dos años de casados y aun no tenían niños, su trabajo los llevaba a pasar mucho tiempo fuera de casa y ya se sentían agobiados y cansados, por lo que decidieron tomarse unas merecidas vacaciones. Laura siempre estuvo pendiente de su aspecto personal, de su figura, que alimentos debía consumir para no engordar, o que ropa estaba de moda para no desencajar en el medio en el cual se desenvolvía, en cambio Jorge era el típico hombre deseoso de surgir en la vida por sus propios esfuerzos, fuerte físico y mentalmente, amante de la buena vida y lujos, pero no de los excesos.

Hacía tiempo un amigo les recomendó un pequeño pueblito, tranquilo y lleno de gente cordial, lo que ellos andaban buscando, sin embargo, había algo que a Laura no le gustaba mucho, pues cuando aquel amigo les habló del lugar, dijo algo como que el ir allí significaba no volver nunca más a tu vida pasada, o algo así…

Recorrieron medio país para llegar a un pequeño y hermoso lugar, parecía sacado de un cuento de hadas, todas las casas con hermosos jardines, las flores eran grandes y de variados colores y como llegaron en plena primavera, todos los patios estaban alfombrados con ellas, y aun así se seguían viendo vivas en el suelo. Laura recordó el comentario de aquel amigo, que por cierto nunca más lo volvieron a ver, ¿sería que viviría allí?, si ese fuese el caso ella lo podía entender, el lugar era verdaderamente hermoso. 

Se hospedaron en una pequeña posada, a la joven pareja les llamó la atención que a pesar de que era una época de vacaciones no habían turistas. El dueño del lugar era un hombre como de unos veinticinco años, aunque al verlo más de cerca se veía mucho más joven, sólo al hablar te podías percatar que era mayor o como pensaba Laura, “un viejo en un cuerpo de un joven”.

Durante la noche Laura no pudo dormir bien, pues la pasó con sueños que la despertaban haciéndola sentir intranquila, a pesar de que no los recordaba. Sólo había en su memoria retazos de ellos, sombras de perros a lo lejos, el lloriqueo de un cachorro, una brisa gélida y lamentos de una mujer… sin embargo, no los podía sacar de su memoria. 

Al día siguiente desayunaron en la posada, una jovencita los atendió, no más de unos dieciséis años tendría aquella muchacha, se dijo Laura para sí. Su esposo estaba deseoso de recorrer el lugar, así es que salieron a caminar, la joven pareja aun no salía de su asombro de ver tanta belleza en el lugar, pero lo que La mujer notó fue que no había visto un solo viejo o anciano en el pueblito.

“¿No te parece extraño Jorge, que en toda la mañana no hemos visto a una sola persona vieja en este pueblo?”, su esposo que estaba interesado en un auto de último modelo, no le hizo caso a la mujer, sin embargo, ella insistió.
“Yo creo que aquí pasa algo extraño… y quisiera averiguarlo”. El hombre hizo una mueca como de desdén y luego agregó:
“Mi querida Laura, tú siempre viendo cosas raras donde no las hay, probablemente este sea un lugar donde vive mucha gente joven y los ancianos estén en sus casas tranquilitos descansando, viendo la televisión o que sé yo…” Visitaron varios establecimientos, y para el asombro de la mujer, todas las personas que vieron, vendedores, compradores, los que atendían a los clientes en los restaurantes, policías y vigilantes del lugar no pasaban de los veinticinco años.

“¿Te diste cuenta?”
“¿De qué querida?”. Preguntó Jorge sin levantar la mirada del plato mientras se llevaba un bocado a la boca…
“Todas las personas que hemos visto son demasiados jóvenes” decía Laura un poco alarmada.
“A ver, (hizo un paneo del lugar), si es verdad, pero creo que exageras con tu actitud, es sólo una casualidad, además, deberías estar pensando en otra cosa que en la edad de esta gente, ¿no te parece?”. A pesar de que su esposo en cierta forma tenía razón para ella era muy inusual ir a un sitio sin que no viese a un anciano o por lo menos personas mayores de cuarenta años, allí sólo había gente demasiado joven, las cuales apenas habían terminado sus estudios universitarios o de bachillerato.

Los días transcurrieron y Jorge se había relacionado muy bien con los lugareños, todas las mañanas hablaba con un joven, se habían convertido en muy buenos amigos, a la conversación se había unido una joven que alimentaba los celos de Laura, con una belleza sin igual, una piel de porcelana, un cabello que sería la envidia de cualquier mujer, una voz melodiosa, más bien algo empalagosa, una figura de modelo, Laura parecía una anciana delante de la jovencita.

Jorge había cambiado, ya no la esperaba para ir a desayunar, si apenas lo veía en el día, sólo cuando se iba a duchar para luego retirarse sin que ella pudiese decirle alguna palabra, sus vacaciones estaban llegando a su final y Jorge parecía no querer irse de allí.

Las pesadillas no habían cesado, más bien se intensificaron, eran tan reales que una noche Laura se despertó pegando gritos, pero su esposo no estaba en la cama, se levantó y caminó hacia la ventana, a lo lejos pudo ver a su esposo o más bien la silueta de él y una mujer, se tomaron de la mano y se fueron caminando, Laura no pudo soportar más y decidió seguirlo, no podía permitirle que le fuera infiel en su cara, lo atraparía y luego se iría a casa, debió hacerlo desde hacía mucho tiempo, pero, este era el momento, caminó varias cuadras y no podía entender lo que veía, pues se dirigían al cementerio, algo en su interior le dijo que no continuara, que no entrara allí, pero no hizo caso de su sentido común sino que siguió, como si algo extraño la llamase, a lo lejos vio la silueta de un perro el cual aullaba, caminó despacio, comenzó a sudar, un escalofrío le recorrió toda la espina dorsal, se escuchaban susurros y el gemir de un cachorro, en ese instante recordó su sueño, ¡Dios!, debía huir, no podía seguir, ella sabía lo que sucedería si se quedaba… pero ya era demasiado tarde, una mano fuerte la detuvo bruscamente y casi, como si fuera una pluma, la llevó a arrastras, comenzó a llorar y a pegar gritos, sin embargo, todo fue en vano. Allí en medio del cementerio estaba su esposo con otras personas vestidas de negro, tenían un cachorro sobre lo que parecía una mesa de
piedra, y al escuchar aquella voz empalagosa supo de quien se trataba:

“Bienvenida Laura, tu esposo tenía razón eres predecible, te preguntarás ¿qué haces aquí a medio madrugada en el cementerio? ¿te gustaron los sueños?, me imagino que no los pudiste descifrar sino hasta el final, (la mujer se acercó a ella y la tomó del brazo y con una fuerza fuera de lo normal la acercó a la mesa de piedra), verás nuestros antepasados lograron descubrir el elixir de la juventud, sólo tenían que beber la sangre de una mujer joven y embarazada…”
“Pero… (Laura la interrumpió) yo no estoy embarazada…”
“Oh Laurita, que inocente eres… antes de venir aquí te hiciste una prueba de embarazo…”
“Si, pero, (miró a su esposo y recordó que éste era quien había recibido los resultados, los leyó y luego los guardó), Jorge tú me dijiste que era negativo”, las lágrimas corrían por sus mejillas y su corazón comenzaba a desesperarse.
“En verdad que eres bien inocente, tu esposito te engañó… pero no llores, te aseguro que no dolerá, por lo menos a mí…” la mujer soltó una carcajada que retumbó en el lugar.
“Jorge ¿por qué?, cómo puedes hacerme esto, a mí y a tu hijo…”, gritaba Laura.
“Qué crees, (continuaba la mujer, mientras Jorge miraba el suelo enmudecido) por lo que todos estamos aquí, por la juventud eterna y con ella el poder, el dinero, la fama, pero como todo… tiene un precio y basta ya de hablar, a lo que venimos”.

Colocaron a Laura sobre la mesa, sus gritos y forcejeo no fueron suficientes, no podía entender bien lo que le sucedía, el miedo se apoderó de ella, sólo quedó en su mente una oración “¡DIOS AYÚDAME!”.

Las sábanas la envolvían como a una momia, el sudor recorría todo su cuerpo y la voz de su esposo trataba de tranquilizarla…
“Querida tranquila, sólo era una pesadilla, tranquila…” Laura lloraba como una niña pequeña y aun no entendía lo que pasaba, sólo había sido un sueño, entonces comenzó a reír a tal punto que terminó en una risa histérica. Miró el
despertador y eran las diez de la mañana, durante el resto del día no hablaron sobre el asunto, estaban en medio de los preparativos del viaje de vacaciones que en un par de días realizarían, sin embargo, ella recordó la prueba de embarazo que se había hecho y Jorge le había dicho era negativo, en un descuido de él fue a buscarla, estaba metida en el fondo de una gaveta, al leerla enmudeció, salió corriendo se montó en su auto y se fue de su casa, Jorge no entendía lo que sucedía, entró a la habitación y encontró el papel arrugado, lo tomó en sus manos y en negrillas se leía… POSITIVO.

Fin
 

Kary Temponi

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