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CULTURA

23 de noviembre de 2021

EL PRINCIPIO DEL FIN.

Por: Kary de Temponi

Antonio tenía tiempo investigando, acerca de una catástrofe que estaría pronto a suceder, a pesar de que la información que recibía no
siempre era la cierta, estaba completamente seguro que algo muy importante estaba por ocurrir.

Miró a través de su ventana y observó como las personas iban y venían tranquilamente por la acera, sin ninguna preocupación aparente, sin embargo, él no dejaba de pensar en lo que había descubierto.

Todo había comenzado hacia dos semanas atrás, cuando por esas cuestiones de la vida se topó con Isabel una joven de unos veinticinco años, quien pertenecía a una organización religiosa, la cual, desde hacía ya un par de años mantenía la creencia de que el fin del mundo estaba cerca.

Él, ya estaba convencido de que el fin se acercaba, pero por razones totalmente diferentes a las de Isabel, pues en su investigación para un canal de televisión muy conocido en su país, descubrió que el gobierno mantenía oculto la llegada de un cometa a la tierra, ese planteamiento lo manejaban desde hacia ya un par de años y aun la población no había sido informada.

Sin embargo, no fue sino hasta que vio uno de los discos compactos que el pastor de la iglesia estaba repartiéndole a los miembros de su congregación, en el cual, se hablaba de todos los desastres naturales que se darían y así mismo de la llegada del cometa con la fecha exacta, la cual nadie conocía, sólo algunos gobiernos.

Antonio miró su reloj de pulsera, se dijo a si mismo que por lo menos ya no tendría que estar pendiente de si llagaría tarde o no al trabajo, en ese instantesu hija entró a la habitación y le propinó un fuerte abrazo, como si supiese que lo estaba necesitando, detrás de ella iba su esposa quien al igual que él, sabía lo que sucedería en tan solo veinticuatro horas. 

Ambos decidieron quedarse en casa, para que huir si no había lugar al cual ellos pudiesen ir para sobrevivir.

Los gobernantes, quienes manejaban todo lo que sucedería, no habían querido causar pánico a sus pueblos, ya que existía la remota posibilidad de que el cometa fuese detenido con una explosión atómica que había sido planeada, enviando una nave espacial que había salido de la tierra con meses de antelación, sin embargo, la explosión no causó el daño esperado, sino que más bien, aceleró la velocidad del cometa y éste llegaría antes de lo esperado.

La único bueno fue que ya no sería tan destructivo, como se esperaba al principio, sino que se desvió unos kilómetros, aunque los daños causados serían incalculables.

Los privilegiados serían sólo unos miles, quienes viajaron al espacio desde hacía ya unos días atrás y vivirían por algunos meses en la base espacial Internacional, la cual había sido acondicionada para tal fin. 

El resto de los seres humanos vivirían bajo tierra, por supuesto en aquellos países que tomaron la previsión de crear los refugios y acondicionarlos para ello con comida, medicamentos y todo lo necesario para sobrevivir algunos meses o hasta años de ser preciso bajo tierra. 

Los gobernantes les habían informado a sus pueblos de lo que acontecería y por supuesto el caos no se había hecho esperar, saqueos, asesinatos, suicidios en masa, todo era un desastre, sin embargo, allí en aquel pequeño pueblito con una población de apenas doscientas mil personas, la tranquilidad reinaba, parecía que la gente o no estaba enterada o simplemente ni siquiera se preocupaba por lo que sucedería, ya que no se podía hacer nada para evitar esa desgracia.

En la gran mayoría de los países que prepararon los refugios sólo tenían opción para entrar las personas que el gobierno seleccionó de acuerdo a su profesión o posición económica: médicos, enfermeras, científicos, investigadores, empresarios, artistas y por supuesto aquellos que tenían el dinero suficiente como para pagar su puesto.

 Antonio abrazó a su esposa, la besó en los labios, se sentía impotente, quería proteger a las dos personas más importantes en su vida, pero le era imposible.

Sus pensamientos le fueron interrumpidos por la corneta del auto de Isabel, quien gritaba su nombre insistentemente, se asomó por la ventana y vio como la joven mujer le hacía señas con la mano, salió a su encuentro y detrás de él, su esposa e hija.

“No esperaba verte, creí que estarías en la iglesia” Antonio le dijo con una sonrisa en el rostro.

“Disculpa por no avisar, es que el teléfono estaba muerto y quise venir a invitarles a la reunión de esta noche” hablaba al tiempo que salía del auto para propinarle un beso a él y a su esposa e hija.

“Cuenta con nosotros”. Lástima que se habían conocido en circunstancias tan extremas, y que a su amistad le quedaba poco tiempo. 

La mujer se despidió y antes de irse les entregó a sus nuevos amigos un libro negro, el cual tenía escrito en grandes letras doradas “LA BIBLIA”. 

Durante la tarde, estuvieron leyendo algunos capítulos de la biblia, Antonio, no sabía por qué nunca la había leído, puesto que él y su esposa sentían como si toda su vida hubiesen asistido a una iglesia cristiana, se sentían cómodos y con “un no sé qué“ que ninguno de los dos podía explicar.

Asistieron a la iglesia y durante la noche se sintieron de una manera muy especial, con una felicidad tal, que aunque su final estaba cerca no tenían miedo alguno. 

Cuando el pastor les hizo el llamado se levantaron los tres como niños pequeños que son llevados ante la presencia de su padre para recibir un regalo, ellos al igual que ese pequeño, recibieron un regalo… el de la Salvación. 

Esa noche no regresaron a su casa, el pastor preparó para toda su congregación de unas setenta personas una gran cena.

Fue una gran fiesta, la música se escuchó hasta el amanecer.

Llegó el momento que todos estaban esperando, el fin para ellos, aunque no el de la humanidad. Ya los estragos de la llegada del cometa se estaba sintiendo por todo el mundo, terremotos en diferentes lugares del planeta, huracanes, maremotos, tsunamis, la tierra completa se estaba quejando y haciéndose sentir.

Todo lo que el hombre había construido se estaba desmoronando a pasos agigantados. Y por supuesto el pueblo en el cual vivía Antonio no estaba lejos de sentir los ataques de la naturaleza.

Las paredes de la iglesia se mecieron de un lado a otro, Antonio abrazó a su esposa e hija quienes lloraban y aun sabiendo que el lugar les caería encima, todos allí se arrodillaron levantaron sus manos al cielo, sabiendo que Dios tiene el control de todo y que está a nuestro lado en los momentos más difíciles y comenzaron a cantar, un hermoso himno que les costaba mantener en sus labios, pero que entonaron a gran voz…

SEÑOR MI DIOS al contemplar los cielos el firmamento y las estrellas mil, al oír tu voz en los potentes truenos y ver brillar al sol en su cenit…

A pesar de que la iglesia no quedó en pie, ni una sola piedra les tocó pues en el lugar no quedó ni un alma, todos habían sido llevados al cielo a la presencia de Dios, al igual que los millones de personas que en ese mismo instante estaban orando, esperando su muerte, la cual nunca llegó.

Nadie lo notó, nadie les extrañó, nadie les buscó, el mundo estaba convulsionado y no se enteró de que el mismo Cristo había venido por su
pueblo. 

Aunque hubo grandes desastres la tierra se recuperó rápidamente, no fue tan profunda la herida como para no hacerlo. 

Una nueva era estaba comenzando. En sólo unos meses ya todo había pasado, y un hombre surgió con gran poder y fuerza, les dio lo que necesitaban, lo que deseaban, aunque por poco tiempo. 

Hubo lugares que casi no sufrieron y uno de ellos fue Israel. Allí comenzaría el nuevo gobierno mundial, con una sola religión, un nuevo
dios… estaban cerca de vivir LA GRAN TRIBULACIÓN como nunca nadie la ha vivido ni la vivirá jamás.

FIN.

Por: Kary de Temponi

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