INTERNACIONAL
1 de octubre de 2026
La batalla cultural es la nueva gramática del poder
De Gramsci a Byung-Chul Han, un recorrido por cómo las nuevas derechas, las tecnológicas y la psicopolítica disputan el sentido común y el control de las mentes.
La política ya no se libra solo en las urnas: se disputa en el sentido común, las emociones y los algoritmos. Esa es la tesis que atraviesa la ofensiva global de las nuevas derechas, las corporaciones tecnológicas y los sistemas de vigilancia masiva.
El concepto de batalla cultural remite a Antonio Gramsci. Para el pensador italiano, la hegemonía no se reduce a la fuerza ni a la dirección política: es una relación pedagógica que educa, persuade y transforma el sentido común. En 1930, desde la cárcel fascista, escribió: “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer; en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados”. Ese vacío de hegemonía es hoy usado para explicar la crisis de la democracia liberal y el ascenso de liderazgos autoritarios.
La derecha adoptó conscientemente ese vocabulario. Se habla de “gramscismo de derecha”: disputar valores, lenguaje y cultura antes de conquistar el poder. Giorgia Meloni cuestiona la “hegemonía progresista”; Donald Trump convirtió su “contrarevolución cultural” en una cruzada contra el DEI. Javier Milei, en agosto de 2026, afirmó: “Usted tiene terroristas disfrazados de estudiantes, terroristas disfrazados de periodistas, terroristas disfrazados de profesores, terroristas disfrazados de investigadores”. La Facultad de Ciencias Exactas de la UBA repudió “enérgicamente” esas expresiones.
El patrón común es la construcción de un enemigo moral —el “progresismo”, el “marxismo cultural”, la “casta”— que activa polarización afectiva y desplaza problemas materiales hacia una cruzada moral. Como señaló Antonella Marty en Perú21, líderes como Milei, Meloni, Putin, Trump y Orbán construyen su narrativa alrededor de un enemigo que debe ser “destruido”.
Si Gramsci hablaba de conquistar mentes mediante pedagogía y cultura, Yuval Noah Harari describe una conquista literal. En Davos 2020 advirtió: “Si tú tienes suficientes datos sobre mí y suficiente poder computacional y conocimiento biológico, puedes piratear mi cuerpo, mi cerebro, mi vida. Puedes llegar a un punto en donde me conocerás mejor de lo que yo me conozco”. Con datos biométricos masivos, el control de la información se vuelve una nueva forma de colonialismo.
Byung-Chul Han explica por qué esa manipulación funciona. En Psicopolítica sostiene que el neoliberalismo transforma la explotación ajena en autoexplotación: “La autoexplotación es mucho más eficaz que ser explotados, porque suscita esa engañosa sensación de libertad”. El sujeto se cree libre mientras se explota; no hay enemigo externo contra el que rebelarse. La depresión, dice, es la enfermedad de esa sociedad del rendimiento.
En el interregno gramsciano, los fenómenos morbosos no son anomalía: son materia prima de una disputa que ya no se libra solo en las urnas, sino en cada algoritmo, cada pantalla y cada emoción movilizada. La batalla cultural es, hoy, la gramática misma de la política.
Por Sandra Sosa.
Lee la nota completa ingresando en https://contrapunto-sandra-sosa.blogspot.com/2026/09/la-batalla-cultural-en-la-era-digital.html
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