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29 de noviembre de 2025

LA PARADOJA DEL DESEO. Por Pedro Cachin

Por: Carlos Rodriguez

El deporte, como la vida, tiene muchas fases que transitamos a medida que crecemos. Entonces, aprendemos que nada se consigue sin trabajo y sin consistencia.

Siempre -al menos desde que tengo uso de razón- consideré que el tenis es de los mejores (si no el mejor) desafío y escuela a los que cualquier niño puede enfrentarse. Para explicarlo mejor, el cronograma de cualquier tenista profesional es muy parecido entre sí.

Comenzamos a los 4 o 5 años, y desde entonces tenemos la suerte de saber cuál es la pasión que nos acompañará por el resto de nuestras vidas. Muchas veces, la herencia familiar juega un rol fundamental en ese partido, aunque no es mi caso. Lo mío fue meramente casual: estábamos en la playa, más precisamente en Monte Hermoso, jugando con una paleta de madera y alguien me vio. Ese perfecto desconocido le dijo a mis viejos que yo tenía buenos gestos técnicos. Así fue como salté a la cancha de tenis, que luego le ganaría la pulseada al fútbol cuando rondaba los 10 años. Nadie en mi familia había tocado jamás una raqueta.

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Volviendo, quiero hablar de cuán importante en la vida es tener una pasión, la posibilidad de practicarla y la suerte de que, tantas veces, venga acompañada del talento innato, por mínimo que sea. 

Así, desde niño, uno empieza a soñar con ser "alguien" en el tenis. Por lo general, ese alguien viene asociado a un jugador que te guste mucho ver y entonces empezás a copiarle -o al menos lo intentás- hasta los gestos (no lo digo orgullosamente). Recuerdo ver con 9 años la final de Roland Garros entre Coria y Gaudio en mi casa, y esa imagen aún hoy me resulta muy potente, porque disparó un montón de preguntas y emociones que podría resumir así: ¿Qué me gustaría conseguir en el tenis? ¡Qué lindo sería estar ahí!

(Sin tener idea, claro, de lo que significaba esa final). 

Pero así suelen comenzar los sueños, tan difíciles como irreales, y con la ilusión intacta de visualizarte jugando en tal cancha o frente a “X” rival, y que eso te despierte cada mañana sin que signifique un esfuerzo. 

Llegar

Soy parte de la última (al menos, eso espero) generación para la que "llegar" en el tenis debía darse antes de los 20 o 21 años para no perder el tren. Mucha gente intenta transmitírtelo de buen modo, aunque desconoce la presión extra que cargarás a lo largo de tu carrera con esos pronósticos en tu mochila. 

A mí me tocó "llegar" a los 27 años. Y estoy feliz de la manera en que lo conseguí porque, a lo largo de ese camino, pasaron cosas y aparecieron trabas que, seguramente, se repiten entre los deportes de alto rendimiento. Ya les iré contando sobre eso a medida que avance en estas líneas.

A los 20 gané mi primer Challenger (Sevilla 2015). Pisé el N°166 del mundo. Y cuando todo parecía encaminarse, lo supe: nadie me había advertido de que aquel sólo era el primer ladrillo del puzzle. Un puzzle que, muy a menudo, se cae y necesita ser armado una vez, y otra vez, y otra vez más. 

En abril de 2016 pasé la qualy del ATP 500 de Barcelona con una fractura en la espalda. Me llevó casi diez meses volver a sentirme cómodo con mi cuerpo. Volví al circuito ITF y me fui más allá del puesto 500 del ranking. A finales de 2018, mientras intentaba regresar al top 200, me quedé sin dinero para continuar con mi carrera de tenista profesional. Pedí un crédito de 60.000 dólares, sabiendo que iba a tener que devolver el doble (y a invertir el doble de energía mental).

En 2019 me fracturé el tobillo. Volví como pude y al año siguiente, post pandemia, tomé una decisión radical: me propuse armar un equipo con el dinero que me quedaba para invertir un pleno a la temporada 2021. Escribí los objetivos a mano. El 4 de enero estaba en Antalya (Turquía) jugando un M15, el escalón más bajo del profesionalismo. Era el N°370 del ranking ATP; y mi zanahoria, llegar a la qualy de Australia 2022. Todo el mundo me hablaba de ese major y no quería irme del tenis sin conocerlo. Gané 3 títulos (dos ITF y un Challenger; hasta ese momento, mi mejor temporada) y terminé el año 245. 

Lo logré: entré último en la lista de la clasificación de Australia y, a partir de ahí, todo cambió. Por primera vez en mucho tiempo hice una pretemporada en Argentina. Al margen de los resultados en el comienzo del año, mi estado anímico era pleno. Tras la gira de Sudamérica, volví a España y era otro. En poco más de cinco meses gané 4 títulos Challenger (y alcancé otras dos finales), pasé la qualy -y una ronda más del main draw- de Roland Garros y jugué tercera del US Open. Me metí top 100 por primera vez en mi carrera. 

Ah: toda esa temporada competí lesionado, viajando con magnetoterapia, durmiendo conectado, a menudo con hielo y un dolor insoportable. Me diagnosticaron una calcificación en la sindesmosis (tobillo). Seguí compitiendo y, no sé cómo, pero tirado de una voluntad superior, logré ahuyentar el sufrimiento de mi cabeza.

El 2023 lo comencé con una noticia feliz: la convocatoria a la Copa Davis. Debuté y me convertí en el jugador N°87 en la historia de la Selección Argentina de Tenis. Promediando el año, gané el más grande (y el último) título de mi carrera profesional: el ATP 250 de Gstaad, que me catapultó al top 50.

El Principio del Fin

En el tenis no hay garantías. Eso lo hace llamativo pero, también, impredecible, ingobernable y aleccionador. El tenis te lleva de la mano hacia una especie de rincón de penitencia donde te acostumbrás a perder. Si el mismísimo Roger Federer contó que “apenas” ganó el 54% de los puntos que jugó, ¿qué nos quedará, entonces, a los mortales? Cuanto más temprano lo sepas, mejor: esto es como una maratón (la más larga que exista) y no una carrera sprint. Hay que aprender a convivir con la frustración, con el dolor y con las dudas, teniendo la certeza de que nuestra pasión y deseo son más fuertes que todas esas "malas" sensaciones y que todos los fantasmas. 

Quiero detenerme en el deseo. Vaya palabra. En cada cumpleaños recuerdo pedir deseos relacionados a resultados o a objetivos deportivos. ¡Qué inocentes podemos llegar a ser! Todos te invitan a desear (y mientras más grande, mejor), pero nadie te advierte sobre lo que sucederá si el deseo toma cuerpo. Cuando ese momento llegue, muy posiblemente ya sea tarde.

En ese sentido, el balance general me dice que fui un afortunado. A ver: fue una sensación que nunca antes había experimentado. Tampoco sabía de su existencia. El haber dedicado más de 20 años a un deporte con forma de trabajo (hoy no es tan habitual pertenecer al mismo trabajo durante tantos años) y conseguir el sueño de ser top 50 del mundo, jugar Copa Davis, ganar un título ATP y comprarme una casa, fue un "alivio" tan intenso que nunca más quise luchar (ni salir de mi casa) para ir por ello una vez más. Porque, alcanzadas cada una de esas metas, mis energías mentales ya no eran las mismas. 

Es muy irónico que, en el mejor año de mi carrera, eso que tanto había deseado, que tanto había soñado, haya disparado un efecto rebote que me consumió las ganas imprescindibles para entrenar a diario y pertenecer a la élite del tenis. Pero, a su vez, mirar hacia atrás y encontrar todo lo conseguido con sudor y lágrimas, a día de hoy, con 30 años, es la mayor sensación de satisfacción y libertad que haya experimentado alguna vez. 

Ojalá que a mucha gente del tenis le sirva, al menos, una parte de estas líneas. Por eso, voy a hablarte a vos que estás del otro lado: por más delirante y lejano que parezca un sueño, no dejes nunca de luchar y trabajar por alcanzarlo. Si lo hacés, tu cabeza dormirá tranquila independientemente del resultado. Si lo intentás, tu cabeza dormirá tranquila por haberlo dado todo sin garantías. Ese, acaso, es el mayor acto de voluntad posible en un escenario gobernado por la improbabilidad.

Esta es mi experiencia, y así te la cuento. Alcancé el pico de mi carrera a los 28 años, cuatro después de haber pedido aquel crédito para seguir jugando, y sin la certeza de poder cancelarlo en tiempo y forma. Aposté a ganador y tuve mi recompensa. Luché por mis sueños y los vi convertirse en realidad.

Y vos: ¿qué estarías dispuesto a hacer para alcanzar los tuyos?

Pedro

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